Este partido fue apenas anecdótico. Una excusa para olvidar la noche de sábado y la desidia de que viene otro domingo. Sin embargo, de la anécdota siempre quedan cosas para recalcar. Noticias positivas, como el regreso de Daniel Bocanegra o la vuelta al gol por parte de Jonathan Copete.

Pero, sin lugar a dudas, lo que más brilló en un partido deslucido fue la juventud. Esa misma que Dorian Gray trató de retener como fuera. A los once inicialistas verdolagas les faltó eso: un poco de juventud, de ira y de ganas de demostrar que están para ser titulares. Mientras el personaje de Oscar Wilde se valió del diablo para obtener la juventud eterna, los jugadores de Nacional apenas cumplieron con la tarea de presentarse en el General Santander.

Este fue el último partido de Cúcuta Deportivo en primera división

Aunque todo cambió con el ingresó de Marlos Moreno. Hace rato que Marlos se presentó y que dejo en claro que está para quedarse a pesar de su corta edad. Él puso la cara en el General Santander. Él te esconde el balón, te engaña, te cambia de ritmo y te asesina. Ingresó para despertar a un equipo que llevaba el partido sin interés alguno. Su juventud es un tesoro, pero su talento es una herramienta que de ser explotada lo llevará lejos.

Por su parte, el Cúcuta se despedía de la máxima categoría del balompié nacional ante un estadio con muy pocos hinchas. Un adiós, ya vaticinado desde hace más de un mes, al cual se le daba un apretón de mano dándole la bienvenida a jugadores como Bryan Rovira o Sebastián Támara.

Sebastián Támara debutó con gol

La noche del juvenil. Mientras el Cúcuta se despedía, los pibes de Nacional recibían minutos con la esperanza de que esta juventud les dure un rato largo y el talento este siempre en sus botines.

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