S  omos Junior, somos capaces de todo: de lo mejor y… de lo peor también”. No es igual. Tendrían que haberlo escuchado ustedes mismos. Escrito es solo una expresión muerta, incluso genérica y que pudo haber dicho cualquiera sin ningún contenido especial. Pero no fue así. Siempre pensé que la escritura y las letras no tenían limites y, para efectos prácticos, en un punto es cierto, pero confirmé que hay un lugar al que la tinta y el papel no podrán llegar jamás. Las palabras trasmiten sensaciones también según la forma en la que son dichas y se corre el riesgo (abismal) de que quien las recibe con el solo hecho de leer no descifre la verdadera dimensión de las sensaciones que allí se quieren trasmitir, así que se pierden en el soplo natural del viento los complementos de la palabra: un gesto arrugado, una seña cansada, y la profundidad que alberga una mirada. Aquella frase fue dicha, además, con la cadencia y armonía del acento barranquillero de un hombre que ha visto a su equipo ganar y perder infinitas batallas de manera absurda y pasional.

Santa Fe dependió exageradamente de Seijas

El ganador de la Copa Águila iba a estar entre dos de los mejores equipos del país. Junior llegó a Bogotá con una ventaja de dos goles y sin ninguno encajado en el Metropolitano de Barranquilla, y Santa Fe, vivo en los tres frentes que disputa, quería en la primera final llevar el trofeo a sus vitrinas. Junior inició con un 4-3-3 con Narváez de pivote ancla, Gustavo Cuéllar a su izquierda y Guillermo Celis a su derecha. Con Vladimir Hernández y Juan David Pérez en los extremos y Toloza de delantero centro, pero con un matiz: dependiendo de por cuál central salga la pelota jugada, el extremo de ese sitio debe cerrarse para tomar a cualquiera de los medios de Santa Fe que bajara a recibir la pelota, porque tanto Gordillo como Salazar tendían a iniciar la jugada en el mediocampo local. Todo esto para evitar que el equipo cardenal salga jugando. Funcionó. Dos jugadas, dos veces revoleó Santa Fe la pelota. Por supuesto, de una de esas jugadas, a priori desesperadas, vino la segunda jugada que generó la falta y el golazo de Luís Manuel Seijas. El venezolano a partir de ahí, tomó el partido por los cuernos y se exhibió. Tiene el veinte en su camiseta, pero jugó como un diez: libre, dominante y tiempista. Santa Fe sofocó casi 20 minutos a un Junior que no pudo mantener el ritmo y salir de la presión albirroja salvo cuando el balón pasaba por Cuéllar. Ya vamos a ir para ahí, pero Cuéllar ayer, en un partido por la gloria, mostró que está técnica y tácticamente por encima de cualquier mediocampista de la Liga. Santa Fe inició con un 4-2-2-2. Alta intensidad recompensada con el gol. Presión, ahogo y excitaciones. La dictadura de los primeros minutos tuvo dos apellidos: Seijas y Gordillo. Este último robaba en la salida de Junior y, ni más ni menos, lograba que Santa Fe se asentara en campo rival todo el tiempo. Precisión en el corte y en el pase. Maravilloso. Los dos volantes ofensivos, Seijas y Roa, con despliegue sobre la segunda jugada para robar el balón; y si la recuperaban, estaban ya en zona decisiva. De a poco, el tiburón logró que por lo menos Santa Fe tuviese que iniciar cada jugada desde sus centrales para incomodarle el juego limpio por abajo. Así que ante esta carencia, Pelusso bajó a Seijas a la base. Claro, era el más nítido de todos, y si con él bajaba un jugador más en ataque de Junior, tanto mejor. Así podrían contraatacar aún menos. Que salgan por los laterales, dispuso Alexis Mendoza. Cerrojo al centro.

Junior usó dos mecanismos para salir de la presión: balones largos a Toloza para estirar a Santa Fe y Vladimir en conducción por los espacios libres que dejaba un local necesitado y abierto en ataque. No funcionó. ¿Por qué? Meza y Mina llegaron siempre a tiempo a la cita y ganaron todos sus duelos iniciales. Junior en sus minutos más bajos aguantó a base de Cuéllar, que generaba confianza en cada contacto con el balón jugando siempre sencillo, al compañero libre y a un toque. Y en defensa, tácticamente cerraba la espalda de Narváez, entonces mantenía consistente el planteamiento de Mendoza. Posesión roja, territorio compartido, pero llegadas claras de gol para ninguno. Empezaba a jugarse como quería el visitante. Vladimir, mientras tanto y cuando podía, conducía, limpiaba la jugada desde el regate y ganaba tiempo sacándoselo al rival. En este contexto y en la batalla por el título, se citaron a duelo los dos medios más importantes de cada equipo: Gordillo y Cuéllar. Victoria enfática para el barranquillero. Todo bien hizo. Todo. Desactivaba la presión porque recibía en el centro, obligaba a la defensa a irse hacia él en su apuro por robar la pelota, y dotado de suficiencia técnica abría la posesión y encontraba a un compañero abierto con espacio y tiempo para jugar. Eso es lo que necesitaba Junior: que transcurriera el tiempo en paz y el 8 se lo estaba otorgando. Sí, en ataque, en área rival con llegada al espacio, también decidió bien en una acción que terminó con Zapata revolcado para sacar el gol que podía haberle dado el título de manera anticipada a Junior. Cuéllar lo tiene todo para dominar en el FPC: técnicamente es superior y tácticamente entiende las necesidades del partido. Pero se irá y se le extrañará.

Siempre, detrás de un jugador vistoso, talentoso y llamativo, hay uno silencioso que cuida su espalda y lo sustenta. Narváez tiene un buen pase en la base cuando no se lo incomoda, así que una vez descansaba Junior en Cuéllar, el pivote ponía a los medios de Santa Fe a decidir si salir a recuperar la pelota o esperar, porque si no lo hacían la posesión iba a descansar y el reloj a seguir corriendo, y si salían podía filtrar un balón a Cuéllar o a Vladimir. Decidieron no salir y el dominio pasó a ser tiburón.

Junior fue Junior con Ovelar. Y en Bogotá

Volvió Seijas al rescate con apoyos desde la base y despliegue físico al servicio del equipo. Dominio territorial, pero otra vez sin profundidad. Izquierda, derecha, juego de apoyo de espaldas y posesión. Obligó a Junior a cambiar, no podía no vender cara su derrota y lo apuró a formar dos líneas de cuatro con Pérez de extremo izquierdo, Vladimir de mediapunta y Ovelar de ‘9’. Celis abierto por la derecha y Cuéllar y Narváez en el medio y a dos alturas, así evitó que le tomaran la espalda. Vladimir tomó a Gordillo. Cuéllar a Roa, Pérez a Salazar y Narváez a Seijas que estaba bajando constantemente a liderar la remontada. Celis cerraría la espalda libre. Huecos tapados en posicional. Posesión inocua. El peligro se generó de ahí en más entre la hiperactividad de Roa y el pase claro de Seijas, aunque sin crear ventajas reales. Obligaba Junior a Santa Fe a tocar a una intensidad técnica alta mientras el reloj seguía andando.

Junior, entonces, cuando sus piernas no jugaron más, impuso su acento, su canto y su melodía en un campo amenazante y difícil. Tomó un instante por asalto a una ciudad acostumbrada a las noches frías y silenciosas, robándole un pedacito de sí que no regresará jamás. Esta vez fue capaz de lo mejor.

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