La noche en el Alfonso López prometía. Atlético Bucaramanga el local y América de Cali el visitante. Marco imponente. Lo que el fútbol pide y el partido merecía. Se anhelaba el pitido inicial. Y ambos protagonistas acabaron con todo. Era de suponer: se juegan la vida en 540 minutos. Literal.

En la primera mitad, mientras América resistía el ritmo del Bucaramanga y Daniel Cataño la tocaba muy poco, lo más destacable fue la zurda de Víctor Zapata. Esa que siempre decide partidos. Tres disparos al arco defendido por Carlos Bejarano fue la principal arma para desbalancear. No surgía mucho más. Posiblemente los controles exquisitos de Néider Morantes en un césped de piso y la creatividad por fuera del lateral Jair Palacios.

Daniel Cataño decidió el transcurrir del juego

Para la parte complementaria pasaron más cosas. Bucaramanga como América dejaron jugar más debido a que Carlos Giraldo, Luis Sierra, Amílcar Henríquez y Cristian Restrepo, los cuatro mediocentros, tenían amarilla, así que el juego tomó cierta fluidez. Escenario estupendo para Néider Morantes poder asomarse sobre el círculo central y nutrir de bolas con tiempo-espacio a sus compañeros. Sin embargo, desapareció el vértigo que pudo abrir todo: Daniel Cataño la tocó más en el local. Desde que John Pérez dejara vacante su plaza y Cataño asumiera mayor peso, Bucaramanga ha creado más lento y en menor cantidad. Los goles: adornos.

El partido lo define: dos contraataques que Daniel Cataño pausó y permitió rearmar al América. La visita tampoco hizo gran cosa por la victoria: sin el desborde de Jeison Lucumí, su ataque posicional no era productivo. Cero intenciones agresivas. La revancha el próximo lunes en el Pascual Guerrero.

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