Hay lugares que permanecen congelados en el tiempo a la espera de un acontecimiento rutilante para salir a la vista de todos. Incluyendo a los incrédulos. Santiago de Cali es una ciudad que alberga este tipo de espacios sin el afán porque sean descubiertos y con el anhelo de que quién lo haga se enamore, disfrute y proteja con el mayor placer posible. Pues al fin y al cabo está posando su humanidad sobre el valle del Río Cauca: cuna de paisajes deslumbrantes.

Andrés Pérez se ha topado con esta experiencia. Deportivo Cali le hizo un guiño hace un par de años el cual parece haber embrujado al bogotano. Y su juego en la cancha es la mejor representación: lucha, entrega y corazón. Puro corazón.

El volante nacido en la capital del país no es precisamente la figura más brillante en su posición dentro del fútbol profesional colombiano; sin embargo, destaca por constituirse en un hilo tenso y duradero sobre el cual se sujetan sus compañeros tanto en defensa como en ataque -un poco menos-. Y lo hace simple y llanamente por medio de su carácter cimentado en valores tipo espartanos: sacrificio, esfuerzo, unidad, constancia.

Sus condiciones físicas y mentales convierten a Pérez en el punto de equilibrio

Deportivo Cali y Fernando Pecoso Castro gozan de la vitalidad que provee su tanque de oxígeno durante los noventa minutos. También de su entereza que le permite multiplicarse y son agradecidos de la sabiduría que derrama sobre el campo para realizar recuperaciones -a veces numerosas- acobijadas por gotas de sudor. Pérez custodia el mediocampo del equipo verde y blanco con la cautela de un centinela futbolístico. No parpadea y siempre está presto para actuar, para dar lo mejor de sí y con ello, lo mejor del grupo.

No es un prodigioso con el balón pero su sencillez y seriedad en el gramado agregan seguridad y fluidez a la circulación. En el Deportivo Cali del Pecoso se le ha asignado más responsabilidades cuando el colectivo sea dueño de la posesión (apoyos, toques, conducciones, distribución, vigilancias), aspecto en el que ha respondido con la firmeza que han dejado cada una de las batallas que rinde cuando salta al rectángulo de un escenario deportivo dentro y fuera del territorio nacional.

La edad no ha sido obstáculo para una máquina competitiva

A sus 35 años, Andrés Pérez sigue compitiendo con la frescura propia de una tarde de agosto. El carril central es donde mejor se desenvuelve. Es su hábitat, ambiente. Partiendo como volante central-tapón el capitalino exhibe su mejor versión. Desde ahí maniobra con una facilidad espeluznante. En situaciones de transición defensiva se ubica de tal forma para ser elemento de desconexión. Maneja al rival con el ánimo de perturbar su conducción y hacerlo caer en el dispositivo de intercepción: abalanza su cuerpo hacia el lado débil (izquierdo) estimulando al contrario para que encare hacia el lado opuesto (derecho) en donde se impone al incrustar su pierna y hacerse con el balón. Acción que devora rivales de forma repetida.

Contar con un doble pivote que sea conformado por Kevin Balanta y Andrés Pérez, pachorra y furia, da licencia a Fernando Castro Lozada para dar rienda suelta a Andrés Felipe Roa y Nicolás Benedetti, transformando los partidos en un ‘correcalles’ en el que se sufre hasta que sus delanteros suministran el sosiego y la resolución.

Las ansias pueden jugar en contra

¿Qué deficiencias presenta el juego de Andrés Pérez? La descolocación y la inoportuna toma de decisiones derivadas de la ansiedad por querer estar en todos lados. Cumplir. Incentivado por la disciplina que se le conoce, quiere hacer todo. La forma en como vive y siente el fútbol, que incluso lo ha llevado a declararse caleño y canterano, suele hacer que ejecute movimientos inapropiados, creando desajustes en defensa posicional los cuales sufre el colectivo que, por lo general, no está sincronizado. En ataque, como ya se dijo, no suele ser un jugador de gran rentabilidad para el Deportivo Cali. No aporta grandes soluciones ni sus intenciones dejan ver creatividad. Aunque pisa el área del adversario, suele usar poco su remate de media distancia ya que no es una de sus grandes virtudes por lo que la cuota de gol es ínfima.

La silueta de Andrés Pérez en el lado verde y blanco de Santiago de Cali ya ha tomado aura de jugador baluarte, referencia y estandarte (hinchas, directivos y jugadores). Soñó y pudo alcanzar el sueño dejando constancia de su pundonor que contagió a un grupo ambicioso, triunfador y con aptitud que ahora quiere hacer parte de la fiesta final con el objetivo de, primero, defender el título que hoy ostentan en sus vitrinas. Y segundo: ¿por qué no revalidar un campeonato? Desafío nada utópico para el hambre de gloria interior de un equipo plagado de experiencia y juventud.

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