Pecho, volea, travesaño y gol. Fichaje por el Real Madrid. Más pecho, volea y gol. James Rodríguez se convirtió en pocos meses en la estrella más mediática del fútbol colombiano en su historia. La bota de oro del mundial y su gran temporada en el club merengue alzaron su status al de jugador franquicia. ¿El problema? Colombia ya tenía uno que había alcanzado, quizás con menos ruido, cotas de alturas puede que más altas. Radamel Falcao todavía puede decir que es el futbolista colombiano que más cerca ha estado de decir que es el mejor jugador del mundo. Fue hace unos años y su impulso futbolístico y goleador nos metió al mundial siendo sensación. Esas cosas no se olvidan, por más lesiones y problemas que afronte el futbolista. Desde 2012, James siempre fue el segundo de Falcao; la promesa al lado del crack. Ahora deben compartir el rol de superestrella, al menos mientras la fe en la recuperación, así sea parcial, de Falcao siga intacta. Pékerman, por ende, tiene que configurar un ecosistema con dos caciques y hasta ahora no lo ha logrado.

Con la ausencia de Falcao García y de Mario Yepes, James asumió el rol de capitán de la Selección Colombia

En el Real Madrid, el fútbol de James ha sido enfocado mucho más al centrocampismo, a la gestión del juego y la creación del mismo, sin olvidar su capacidad para producir jugadas de gol. En el equipo blanco, sin embargo, con Gareth Bale y Cristiano Ronaldo, el peso resolutivo de James baja y puede vivir en funciones mucho más corales. Para Colombia, Pékerman cree que perder el James de los últimos metros no compensa tanto, no por lo que pueda llegar a hacer el ’10’ en la sala de máquina, sino porque lo que hace jugando casi de segunda punta bien puede valer la clasificación a un mundial y mucho más. En el escenario ideal, Colombia tiene una artillería ofensiva que bien podría permitir ver al mejor James, el que se relaciona más con el juego y no tanto con el gol y la asistencia, pero esa situación no es real hace varios meses. Ahí tiene sentido la apuesta de Pékerman, especialmente si cree que en un futuro habrá un futbolista con un peso creativo sin parangón jugando cada semana al nivel que se espera que alcance un día. Si Quintero explota, James podrá tener libertad de estar al servicio de todo, pero sin la obligación de alejarse mucho del lugar desde el que da puntos en cantidades industriales.

Ese es el plan que Pékerman parece que le tiene reservado a James. Un rol en el que su presencia en el sistema no es indispensable por función sino por mera calidad. No es que en Colombia nadie puede hacer lo de James en forma, porque el mismo Edwin Cardona basa su calidad futbolística precisamente en eso, sino por nivel. Su baja no presenta un inconveniente táctico insalvable, sino uno de nivel. Sin James, Colombia es menos peligrosa. Y lo más seguro es que juegue peor, porque aunque alejado de la gestión, James es capaz de en un momento dado resolver muchos problemas sobre el camino. Aun así, entre las bajas posibles de Colombia, la de James, temporal, no es tan grave como podría serlo en otro contexto.

Pékerman tiene varias opciones para remplazar al 10 del Real Madrid

Con James fuera de los partidos contra Perú y Uruguay, Pékerman podrá seguir insistiendo en el sistema y en la idea de juego que desarrolló en el amistoso anterior. Para Colombia, mucho más que la victoria, lo realmente importante es consolidar un sistema de juego del cual agarrarse para poder crecer y volver a controlar las cosas que pasan en un partido. El rol de James, en ese sistema de juego, no es vital. No hace parte del engranaje central ni está vinculado en todas las jugadas al tejido principal del juego colombiano. Su ausencia, en ese sentido, tiene menos impacto que la de Falcao entre 2012 y 2014. Colombia puede respirar sin él.

Las opciones para reemplazarlo son varias. Está fuera de discusión que ninguno es James Rodríguez ni dará todo lo que da el cucuteño en esa función. Por jerarquía, Cuadrado debería ser el reemplazo inmediato, pero no es el jugador de la Juventus un futbolista que se sienta cómodo jugando por dentro la mayoría del tiempo ni uno que sea tan productivo de cara al gol como para emular a James. Cardona, que sí basa su fútbol precisamente en hacer lo que Pékerman pide a James, adolece de la calidad de movimientos sin balón que el del Real Madrid sí tiene y que aclaran el pase hacia adelante. Lo mismo se podría decir de Guarín.

¿Y un delantero? James, aunque mediocampista, en Colombia juega casi que como un atacante más y en la convocatoria hay por lo menos dos futbolistas que podrían sentirse cómodos, al menos puntualmente, en ese rol dual. Tanto Teófilo Gutiérrez como Rafael Santos Borré tienen la calidad asociativa y la ambición creativa necesarias para ‘volantear’, y siendo en esencia delanteros deberían poder aportar el punch que Pékerman pide al rey de su mediocampo. Teo, con mucha más pachorra y calidad contrastada, y Borré siendo más activo y agresivo en sus movimientos e intenciones. Además de todo, de disponer finalmente de tres puntas desde el arranque, Pékerman no tendría que descartar a uno entre Falcao y Bacca. Podría ser la mejor respuesta.

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