En el calor inhóspito de Barrancabermeja, Millonarios se presentó con una idea clara: robar el balón lo más cerca del arco defendido por Jerez. Su primera presión se instaló allá en el campo del equipo petrolero. Esto es una prueba de esa pesadilla que debe tener Rubén Israel cuando duerme: no hay gestación de juego en Millonarios. Es por esa razón que el equipo capitalino necesita recuperar el balón tan arriba, de manera que no hay necesidad de hacer una gran construcción de jugadas.

Millonarios presionó arriba para no padecer en la gestación de los ataques

Pero la pesadilla no termina ahí. El equipo azul tampoco tiene un jugador capaz de sacar el balón desde el fondo con limpieza. Cuando Elkin Blanco intentaba ser el encargado del primer pase, sus entregas eran erróneas, o simplemente ponía a sus compañeros a luchar balones en lugares no permitidos. Vargas intentaba, entonces, ser el encargado de hacerlo, pero cuando levantaba la cabeza no veía a nadie en buena posición para recibir. Es por eso que presionaban arriba y siempre intentaban jugar en largo para ganar las segundas jugadas.

Alianza Petrolera en un principio se vio sorprendida, no entendía cómo el equipo capitalino era tan osado de presionarlos tan arriba y, ante ese problema, no les quedaba más que jugar en largo, siempre buscando a Arzuaga. Una vez los locales lograron con mucho esmero pasar ese primera presión de Millonarios, el juego asociativo empezaba a verse. Cuando el balón pasaba por Mateo Fígoli o por Juan Pablo Nieto, lograban acercarse con peligro, pero era tan sólo una amenaza que no se concretaba. Cuando el equipo local estaba instalado en campo azul se pudo ver algo interesante: todos estaban comprometidos con la recuperación del balón. Los cuatro volantes de Millonarios, con un perro de caza como Blanco, no permitían que Arzuaga quedara nunca frente a Vikonis y en muchas ocasiones se veía al Pocho Insúa ayudando en defensa.

Esa idea de juego que planteó el equipo azul era de alguna forma un suicidio. Presionar tan arriba requiere: primero, un nivel de concentración muy alto por parte de los intérpretes; segundo, hacer un esfuerzo físico bárbaro.

A pesar de los nombres, Millonarios carece de imaginación

Sin embargo, la idea estaba funcionando. Cuando Millonarios lograba robar el balón adelante, se sentía más cómodo y había un pequeño aroma de gol. En esos últimos metros de cara al arco, Insúa y Vargas, en ocasiones, amenazaban al equipo contrario. Pero la realidad, aunque suene ilógico, es que Millonarios carece de imaginación. Un equipo que presenta dentro de sus titulares a dos jugadores como Macalister Silva y Federico Insúa, y que tiene entre los emergentes a Mayer Cándelo y Harrison Otálvaro, increíblemente carece de imaginación.

Alianza llevó a Millonarios a su faceta defensiva cómoda: centros al área

El equipo no tiene un plan de ataque definido y los delanteros, sin importar el nombre, lo sienten. Ante esta presentación pesimista, el único recurso que le quedaba al equipo capitalino era lanzar centros, ya fuera a través de Ochoa o Machado. Pero con el balón en el aire, Alianza estaba muy tranquilo. Sus centrales Aguilar y Valencia sólo tenían que luchar con un jugador de muy baja estatura como lo es Romero.

Fue por eso que lo único rescatable en ataque del equipo capitalino se vio cuando David Macalister Silva sacó a relucir todo su talento. Con una jugada de postín habilitó al delantero azul y lo dejó solo frente a la portería.

Millonarios sorprendió, no hay duda. Sin embargo, una vez llegó el gol de Alianza y les tocó salir con más protagonismo, se vio la carencia de ideas. La entrada de Otálvaro esperanzó, pero las dos líneas de cuatro del equipo petrolero no lo dejaron hacer mucho. Una vez entró Cándelo, el balón empezó a circular más, hubo más toque y se intentó elaborar las jugadas. Pero ya era tarde. Y aunque Alianza nunca tuvo el control del partido, tampoco sufrió en ningún momento.

Los detalles en una crónica dan color; los detalles en una obra literaria dan realidad; los detalles en un partido, definen el resultado. Este partido fue eso: un sólo detalle que dejó a Alianza Petrolera más cerca de la clasificación y a Millonarios más hundido en sus dudas.

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