El Junior de Barranquilla saltó al césped del Campín con Guillermo Celis, Jarlan Barrera, Vladimir Hernández, y Gustavo Cuéllar como comandante, y se marchó goleado, y con sólo dos tiros a la puerta de Santa Fe. Por cómo se han venido desarrollando las cosas este semestre, lo que pasó anoche en Bogotá suena excepcional. Y en cierta medida, lo fue. Santa Fe, sin Ómar Pérez por 75 minutos, dominó al equipo que mejor ha jugado durante el torneo en Colombia.

Gerardo Pelusso amarró todo desde el planteamiento. El técnico uruguayo decidió ajustar con un 4-4-2 dúctil que dificultara las circulación a Junior. El eje central sería el pasillo clave, pues por ahí construye su superioridad el onceno de Alexis Mendoza, así que la primera tarea era taponar esa zona. Los encargados fueron Quiñones y Borja arriba, Soto y Gordillo en el medio, y Meza y Mina atrás. La línea de volantes la completaron Seijas por izquierda y Roa por derecha, y la defensa Cummings y Anchico. Bajo palos se situó Róbinson Zapata.

La escuadra de la Arenosa, por su parte, alineó al completo con Viera en portería -tremendo partido-; Jossymar y Domínguez como laterales; Bareiro y Tesillo en el centro de la zaga; Cuéllar y Celis en el doble pivote; Vladimir, Jarlan y Aguirre por delante, y Toloza en punta.  El 4-2-3-1 de siempre, pero sin Ovelar, Pérez y Murillo.

Santa Fe vs Junior - Football tactics and formations

Cuéllar fue vigilado y sus receptores, taponados

La atención sobre Cuéllar fue lo primero que se notó recién empezó el partido. Si no eran Quiñones o Borja, eran Gordillo o Soto, según la altura de una presión siempre acertada, dicho sea de paso. Gustavo no tenía la facilidad para maniobrar de otros días, lo cual empañó la calidad de la jugada de Junior desde un principio. Esto hizo que el 8 tiburón buscara más espacio cerca de sus centrales, y ahí llegó el atasco.

Con el pelirrojo abajo, y con las recepciones de los mediapuntas junioristas vigiladas de manera celosa por los volantes locales, las posibilidades restantes de envío eran Celis y los laterales. El problema es que estos últimos, apenas recibían, eran presionados y llevados al error. Y aparecía entonces el contragolpe santafereño.

Quiñones destrozó a Jossymar

La transición de Santa Fe comenzaba en campo visitante, lo cual facilitó sus ataques y desmoronó poco a poco a Junior. A medida que avanzaba el encuentro, Viera sumaba más y más atajadas importantes, mientras que su equipo no lograba hilvanar una jugada positiva. El electrónico señalaba empate hasta que Borja, luego de una recuperación adelantada, activó con un pase cruzado una diagonal de Quiñones, quien dejó regado a un Jossymar muy inferior a la situación, y a Domínguez, para luego centrar y que Meza marcase a placer. 1-0.

El 2-0 llegó tras el descanso de la misma forma. Quiñones rompió a Bareiro, centró, y Domínguez la mandó al fondo de su propio arco. A partir de ese punto, con un Junior venido a menos por el duro golpe psicológico del autogol y la certeza de ser inferior en los detalles definitivos, Santa Fe se exhibió. Y no sólo en defensa, sino con la pelota en los pies. Para ello entró a la cancha Darío Rodríguez, en reemplazo de Almir Soto, lo cual desplazó a Seijas al círculo central.

El último tramo del encuentro se caracterizó por la impotencia de Junior y la prolijidad de Santa Fe, vitoreado por su hinchada a punta de Oles, canciones y aplausos. Ómar Pérez jugó escasos quince minutos al final, y dejó esos toques suyos parsimoniosos y repletos de maravilla. Ahora que volvió, habrá que ver cómo encaja de nuevo en un equipo que le necesita por su misma condición de ídolo absoluto, pero que ha logrado sobrevivir sin él y superar escollos complicados. El porvenir cardenal suscita mucha curiosidad. Junior, mientras tanto, se va con otro aviso de que queda mucho por trabajar.




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