No ha sido un final de año especialmente cautivante para Once Caldas tras el arribo de Torrente al banquillo manizalita. En su equipaje aún guarda la dolorosa eliminación en Libertadores ante Corinthians de la cual se han desprendido gotas invasoras de irregularidad que han empañado el panorama. No obstante, hay un nombre que de recobrar confianza y alegría puede hacer que su equipo reparta grandes palos a diestra y siniestra en campos con dificultad de todo nivel: Johan Arango.

Aunque Arango no pase por su mejor etapa, y quizás esto explique por qué el blanco-blanco no goza de un momento puro y tranquilo, sigue siendo el jugador más determinante de los dirigidos por Torrente. No delinea con nitidez su perfil como jugador a pesar de atesoras virtudes que ante el duelo con sus vacíos parecen perder la partida. Arango puede firmar un partido de ‘hat-trick’ y en el próximo pasar desapercibido. Su juego demora en aterrizar porque deja la sensación de vivir en planos elevados. No es consciente de su figura ante los rivales lo que hace que sufra de jaquecas para saber dónde puede sumar y reducir el impacto de sus limitaciones.

No logra su mejor desempeño por dentro

El 4-2-3-1 es un dibujo que el entrenador argentino ha variado sin tener muy claro su destino final. Ante el temor del azar se ha inclinado por mantener algunas cosas de la era anterior y empezar con matices de forma pormenorizada. Una modificación rotunda ha sido vincular a Johan Arango a la asociación, recibir entre líneas y hacer progresar el equipo. En esta faceta no luce como se espera porque, aunque sea fiable en la combinación, no logra forjar alianzas por sus intenciones de juego las cuales siempre se hacen a dos toques. Su ritmo, que no es bajo, tambalea cuando hay que resolver de primeras, tener al detalle la jugada.

Desde la banda desborda y crea opciones, además de llegar a gol

Su rostro dibuja una sonrisa cuando la banda es el lugar de partida. Los movimientos son menos exigentes y su potente físico le hace imponerse cuando desea adelantar el balón y sacar metros con su carrera. Gana línea de fondo con sus regates alimentados de explosividad. Ahora último, con acierto, Javier Torrente le ha colocado de partida en la izquierda para facilitar sus recepciones y sus internadas al carril central e incentivarlo a sacar su remate de media distancia que ya ha perforado redes sin obstáculo alguno.

No debemos apresurarnos, pues tiene tan solo 24 años. Le resta mucho fútbol que absorber para abarcar mayores registros que le ayuden a desenvolverse con seguridad y, de paso, permitir que su equipo encuentre rentabilidad en su ocupación.

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