El fallo en el fluido eléctrico en el Fernando Cáceres de Paraguay anunciaba, quizás sin quererlo, una noche oscura para el Deportes Tolima tras su empate en Bogotá. Y es que Alberto Gamero de alguna forma así lo quiso, pues decidió poner a su jugador artístico, Jonathan Estrada, en una posición en la cual no podía mover su pincel y exponer sus ideas.

Salir con Estrada en banda hizo que Tolima no contara durante el primer tiempo con una posesión óptima en campo rival. Al volante guía nunca se le pudo encontrar y, tampoco, su marcha sobre el campo hizo que obtuviera protagonismo. Esto, que cayó como anillo al dedo para Sportivo Luqueño, dejó ver un planteamiento erróneo desde el vamos del cual el rival se aprovechó para controlar y llevar peligro. Gamero trazó, desde el inicio, un camino equivocado en el mapa que conducía a cuartos de Sudamericana.

No contar con el desahogo en banda –no estaba Ibargüen- hizo que Tolima se viese forzado en salida y perdiese el balón en un pestañeo. Luqueño supo taponar el inicio y, además, nubló a los delanteros pijaos que nunca pudieron pivotear para oxigenar. Gamero para el segundo tiempo intentó modificar el transitar de su equipo que con la entrada de Bermúdez gozó de su mejor momento. La reacción fue tardía y, para más desconsuelo, la abordó el desamparo que significó la expulsión de Banguero cuando el empate empezaba a ser una posibilidad para aferrarse a la clasificación. Esta baja del lateral puso la firma a la postal de la eliminación de los tolimenses.

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