La visita de Sportivo Luqueño a Techo se llevó toda la atención. Principalmente porque el Tolima no acaba de acomodarse jugando de local en Techo. Es decir, su fortín, el Manuel Murillo Toro, no adhiere los mismos condimentos de su nuevo hogar. Fue aquí donde el Tolima-Sportivo Luqueño dejó muchas cosas por analizar, sobre todo porque no parecía haber un dueño de casa.

La imagen poco competitiva que venía mostrando el Deportes Tolima en el marco de la Copa Sudamericana tuvo una mejoría notable en Barranquilla frente al Junior. En este escenario, con la aparición de Jonathan Estrada, las situaciones y soluciones se repartieron entre Ibargüen y el antioqueño. Desde ellos dos, precisamente, fue lo mejor que mostró el Tolima en el primer cuarto de hora, hasta el 1-0. Estrada apoyando entre líneas e Ibargüen desbordando por fuera. Pérez sumó desde la derecha acelerando, pero su desacierto restó mucho más. El cuadro pijao prácticamente no circulaba el balón por sus dos pivotes, sino que directamente buscaba a sus cuatro atacantes por el simple hecho de que Sportivo Luqueño se comportaba jugando con interiores cuando su dibujo era un 4-2-3-1. En este instante Eduardo Rivera modificó la pizarra y el partido se inclinó a favor de los paraguayos.

La salida de balón del Tolima tiene muy pocos intérpretes creativos

Eduardo Rivera reajustó la estructura y el comportamiento estilístico los 75 minutos restantes. Sportivo Luqueño pasó a jugar con un 4-1-4-1 donde Godoy –sobre Estrada– era el mediocentro, Miño –Rivas– el interior diestro y Mendieta –Barrios– el interior zurdo. Los paraguayos anularon a Estrada, cerraron ambos carriles laterales y, dicho sea de paso, apretaron la salida de balón rival. El Tolima intensificó las pérdidas, pues Delgado, Quiñones, Monsalve y Banguero tocaron el balón mucho más de lo que están capacitados. Este singular detalle aclaró las cosas: iniciación plana versus presión alta. El Tolima dejó de pisar con cierta frecuencia campo contrario debido a su aguda ausencia de creatividad en los primeros pases.

Tras el descanso, Alberto Gamero buscó compensar estas limitaciones metiendo a su equipo arriba gracias al regate de Brayan Bermúdez. El Tolima lo hizo en contadas ocasiones, pero la frecuencia ya no era la misma. No habían perdido sólo regularidad, también acierto en la toma de decisiones. Sportivo Luqueño había diseñado un plan para empatar –colaboración desafortunada de Silva–, recogerse muy concentrado e intentar desplegar las veces que fueran posibles con Oscar Ruiz a la espalda de Didier Delgado. Pese al empate, que no es un resultado positivo para el vinotinto y oro, y reprobar el curso de salir bajo presión, la mala noticia es que su futbolista más autosuficiente y determinante en varios registros, Andrés Felipe Ibargüen, se pierde la vuelta por sanción.

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