Hace unos meses Tolima transmitía la sensación de ser el equipo con el sistema más sólido y, precisamente ante Junior, ayer, pareció volver serlo. El mejor ataque del fútbol colombiano no logró exponer las flaquezas de su rival, en gran parte, a la virtud de Alberto Gamero. Su equipo no otorgó oportunidades y defendiendo en estático lució impenetrable.

Tolima vistió con su habitual 4-2-3-1. La reaparición de Estrada pone las cosas en su lugar, sobre todo, los ataques. La influencia en el sistema ofensivo es total por parte de Jonathan; en estático, imprime el ritmo de las posesiones, se asocia con Ibargüen a espalda de los centrocampistas y logra triangular cerca del arco contrario; contraatacando, elige el momento y destinatario correcto a lanzar.

Pasó todo lo contrario en el equipo de Alexis Mendoza. Las posesiones carecían de calidad; primero porque Cuéllar no estaba en el campo; segundo, Narváez era el pivote más adelantado que conducía los avances por delante de Celis; y por último, el sistema ofensivo está desconectado sin Ovelar. La poca movilidad de Vladimir, los pocos receptores por delante de la línea del balón y la capacidad de anticipación de Wilmar Barrios obligaban a retroceder en cada jugada.

Sin juego por dentro y los habituales apoyos de Roberto Ovelar, Junior sólo llegó a enfrentar a Joel Silva saltando las líneas defensivas con un pase ‘globo’ o lanzamientos en largo para Vásquez que pescó un par de oportunidades. Con la entrada de Cuéllar, Junior se hizo con el dominio de la pelota, aumentó el ritmo y dio altura a sus posesiones, pero no logró filtrar pases entre líneas ni mandar en el partido porque un imperial sistema defensivo de Tolima no lo permitía. Gracias a Jonathan.

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