Estuvo varias jornadas el Deportes Tolima sin Jonathan Estrada y el sistema lo resintió mucho. Muchísimo diría. Gran ejemplo de ello, aparte de los resultados, es el penúltimo partido ante Atlético Nacional. Aquella noche Alberto Gamero ideó un dispositivo donde el repliegue compacto y las transiciones ofensivas se hacían patrón del juego. Sin embargo, la lesión de John Méndez, el lanzador de respectivos contraataques, mermó el plan. Si ya la idea tenía menos calidad sin Estrada, pues la baja de Méndez terminó de resentir el mismo. Aquí es donde adquiere el ex de la Real Sociedad, Millonarios y Patriotas un papel valioso. Nadie de la plantilla, salvo Andrés Felipe Ibargüen, aunque de características completamente opuestas, tiene su talento.

Respecto a lo último, tenemos un excelente ejemplo: la eliminatoria de anoche por Copa Sudamericana visitando al Junior. El Tolima necesitó exclusivamente de la presencia de Estrada para activar lo que quería con constancia y ese punto clave de supervivencia en un contexto desfavorable. El cuadro pijao creció en todos los registros (más tiempo el balón entre líneas y menos por banda, transiciones defensa-ataque fuertes y claridad en los últimos pases) y con el matiz de ganar opciones de gol. Puede que el antioqueño participe poco o no lo suficiente, pero el Tolima sube a borbotones porque piensa, decide y ejecuta más rápido que cualquier otro, sobre todo sin Uribe. Volverá a ser el Tolima.

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