Nacional de Uruguay jugó con asma en la capital colombiana. Espetaba acciones con lentitud. En la primera jugada del partido recuperó el balón en el saque de mitad de campo del equipo cardenal y atacó con furia. Un falso vestigio de lo que después presentó. Santa Fe jugó a lo suyo: trató de jugar lentamente en la salida y acelerando en el campo rival, protegiendo, siempre, la diferencia de dos goles que había obtenido en su visita a Montevideo.

Santa Fe encontró desde el inicio una línea clara en ofensiva: la sociedad Otálvaro-Roa por derecha. Los ataques cardenales estaban todos concentrados por esa zona y, ante la ausencia de Pérez, había muy poco juego interior. De vez en cuando, a esa sociedad por derecha se integraban jugadores como Quiñones o Morelo. El equipo capitalino paró sus líneas en el campo rival, ahogando cualquier intento de salida limpia que intentara Nacional y levantó varios centros cruzados que nunca tuvieron un finalizador.

Santa Fe no supo activar su banda izquierda

Villarraga desde la zona izquierda aparecía poco o nada, el juego no pasaba por los pies de Seijas y ante la poca participación de Salazar, aquella zona estaba en el olvido. En ningún momento Salazar fue el repartidor de cartas que el partido pedía.

Por otra parte, el equipo charrúa tardó más de 50 minutos para hacer siete pases seguidos. Antes, sólo había concebido cuatro en línea y terminaban siempre lanzando el balón a Sebastián Abreu. Eso fue lo que hizo el equipo charrúa todo el partido; Abreu de poste luchó todos los balones frontales que le enviaban Aja o Gorga, los dos centrales. Nacional intentaba, cada vez que tenía el balón, dividirlo en terreno de Santa Fe para después luchar la segunda jugada y luego tratar de hacer daño en el arco protegido por Leandro Castellanos.

Gestación de jugadas no hubo por parte de Nacional. El partido parecía una película de terror sin ningún susto para Santa Fe. Hasta que en el minuto 58 los uruguayos inhalaron y trataron de quitarse el asma que los hacía jugar tan previsibles, que los obligaba a jugar largo. Se sacudieron y le pegaron el primer susto verdadero a la hinchada y al equipo cardenal con el gol de Romero.

A pesar del gol, Nacional produjo poco con su juego directo

-Aquí empieza el terror-, imaginaron los espectadores. Pero nada: todo fue igual. Santa Fe intentó atacar más y generó opciones claras en los pies de Morelo. Pero esta vez, Morelo no estuvo fino. Con la altura haciendo estragos en los jugadores uruguayos y un juego tan previsible, el tiempo pasó y sólo hubo un cabezazo de Abreu que Castellanos controló sin problemas.

Es cierto que a Santa Fe le faltó adueñarse más del partido y hacer correr el balón mucho más. Pero también es cierto que Nacional tuvo suerte, y que nunca atacó con la furia de aquél que quiere salir abante en un torneo internacional.

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