El Millonarios-Junior se compuso por una clara vertiente: el ritmo bajo. El local no aceleró y el visitante no sufrió. Es decir, el juego se decidió a favor de Alexis Mendoza, aunque de la mano de Rubén Israel se evidencian notorias mejorías, sobre todo porque ya hay funciones específicas para el segundo pivote, Maxi Núñez y la relación Insúa-Candelo. Vargas o Robayo vuelan sin freno; Núñez sacude; Federico y Mayer interactúan constantemente. Lo de los dos enganches tiene trampa puesto que no crearon ventajas, pero eso llegará con el paso de los compromisos mientras el entrenador uruguayo implanta un sistema ofensivo que los potencie.

Guillermo Celis fue de lo más destacado

Millonarios establecía sus posiciones rápidamente en campo rival en búsqueda de Insúa y Candelo. Los dos marcaban opciones de pase a la misma línea pero en diferentes carriles. Siempre se buscaban. Hasta en los tiros de esquina. Y aquí destacó la presencia de un futbolista como Celis que con libertad posicional expone su amplio físico. Para atacar y defender. Para subir y bajar. Millonarios jamás superó la barrera de Guillermo. No dominó el partido en su totalidad, pues en fase ofensiva cargaba mal el área y no recogía la cantidad suficiente de rebotes, pero en él estuvo el partido.

Está claro que los mecanismos de salida de balón y la calidad en los primeros de pases no es la misma con y sin Cuéllar. Sin embargo, la clave del Junior no estuvo en sacar mejor o peor el marrón, sino en pillar a contrapié a Millonarios. El azul, evidentemente, no defiende igual en los metros finales con Henríquez-Vega a diferencia del jefe Torres y el inspirado Díaz. Blanco llevó el partido a donde pudo, pues los controles de Ovelar, las conducciones de Pérez y las acciones espectaculares de Vladimir mandaron.

Vladimir Hernández, muy decidido en todo lo que hace

En la segunda mitad, cuando el ritmo aumentó, Junior pegó el último tiro. Millonarios se partió en dos bloques donde cuya disciplina en el repliegue desapareció, Blanco se juntó a los centrales y quedó en inferioridad numérica tras la expulsión de Mosquera. Junior logró y catapultó la victoria cediendo la posesión, armándose sobre el círculo central y corriendo a toda luz. Vladimir volvió a destacar. En la lentitud, encaró y desbordó con determinación; en el ida y vuelta, ofreció las jugadas que viene dejando desde finales del torneo pasado. Dos ritmos favorables.

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