Cuando José Pékerman llegó a la selección Colombia, seguramente la primera conclusión que sacó tras analizar el grupo de jugadores que tenía entre manos fue que el país tenía un problema generacional en los primeros compases del juego. A Colombia le hacía falta capacidad de dirección y creatividad en la base de la jugada, pues ni los centrales eran especialmente influyentes desde el primer pase, ni los mediocentros poseían esa capacidad para organizar con el balón desde el inicio de la jugada. Así, Pékerman decidió apostar por Aldo Leao Ramírez y Macnelly Torres, excluidos del proceso, para solventar esa situación. El samario se había convertido en un mediocampista de primera línea en México, justo lo que necesitaba la selección, pero dejaba dudas su desempeño defensivo. El barranquillero, por su parte, seguía destacando como el mismo volante creativo y de últimos metros de magnífica visión de juego, pero poco fútbol cerebral. Ninguno de los dos era más que un parche. Aun así, el siete de septiembre de 2012, Macnelly Torres salió al campo para jugar, teóricamente, al lado derecho de James Rodríguez; sin embargo, la labor que le indicó Pekerman fue la de participar y moverse mucho horizontalmente sobre el círculo central. Ese día Macnelly empezó una evolución que lo ha llevado a convertirse en un verdadero cerebro. Jugó muy bien y Colombia tuvo claridad en la base de la jugada, además de tomar un papel importante en la fase de ofensiva del equipo. Contra Uruguay nació el gran sistema que cimentó el brillante fútbol que Colombia jugó, con sus más o sus menos, de septiembre de 2012 a enero de 2014, es decir, hasta la lesión de Falcao. Para solventar las carencias de creación, el entrenador argentino formó un triángulo entre Zúñiga, Macnelly y Teófilo, que sacaban a Colombia desde atrás y asentaban el ataque del equipo muy arriba. Además de ellos, James jugaba desde la izquierda y se sumaba al festival de pases, activando a Pablo Armero con su cambio de orientación; Falcao era Falcao, legitimando el juego del equipo con su voracidad ofensiva; y Abel Aguilar hacia de puente en transiciones, ganando segundas jugadas y sirviendo de apoyo a la circulación, labor para la que estaba más que capacitado.

Macnelly Torres ha jugado 39 partidos con la Selección Colombia

Ese sistema fue muriendo paulatinamente con las lesiones de Falcao y Zúñiga, y el ostracismo al que se relevó a Macnelly. Desde entonces, Colombia ha tenido problemas crónicos para salir desde atrás y asentarse en campo rival. Para sumar pases. José ha probado varias alternativas que han fluctuado entre intentar hacer lo de siempre con piezas distintas, y variar a un fútbol más reactivo aprovechando la verticalidad de Cuadrado. Hasta ayer, ninguna de las variaciones de Pékerman había dejado un buen regusto, y la Copa América fue un punto de inflexión importante: no podía depender de Zúñiga, Falcao o Aguilar, porque simplemente no estaban, y ni Cuadrado ni Cardona lograban adaptarse a las exigencias del entrerriano. Había que mutar. La convocatoria para el amistoso contra Perú fue un verdadero revolcón, con muchos posibles debutantes, pero por sobre todos destacó el nombre de Gustavo Cuéllar. El jugador del Junior es un mediocampista muy versátil, mediocentro de formación, que está llamado a dar relevo a los Sánchez, Aguilar, Guarín y Valencia. Por talento y calidad, Gustavo podría ayudar a resolver varios de los problemas de Colombia y Pékerman trabajó en ello. Ante Perú, Colombia estrenó sistema y las sensaciones son muy positivas. Veamos.

Como novedades, Colombia presentó a Cuéllar y Macnelly en el mediocampo, escoltando a James y Sánchez; Arias y Fabra en los laterales; y Teo con Bacca arriba. El dibujo no era distinto al de siempre, un 4-2-2-2 torre con dos mediocentros, dos enganches y dos puntas. En la práctica, muchas fueron las cosas que cambiaron. Para empezar, Colombia presentó un mecanismo en salida inédito: los dos centrales se abrían ligeramente, los laterales subían muy arriba, Sánchez ejercía de eje y a sus lados, a la altura de interiores, se situaban Macnelly por izquierda y Cuéllar por derecha. Esa disposición creaba muchas alturas y facilitaba la progresión mediante el pase corto. Colombia involucraba a siete u ocho futbolista, dependiendo de James, en la salida del balón, dándoles opciones de pase fáciles a todos y sumando muchos futbolistas por detrás de la línea de balón, lo que por un lado permite tomar algo más de riesgo, porque ante pérdida hay armazón defensivo, y por otro ayuda a que Colombia se vaya ordenando mediante pases desde muy abajo. Así, tanto portero como centrales al salir veían delante de ellos líneas de pase tanto por dentro como por fuera, a diferentes distancias, que podían alcanzar sin que por medio hubiese una jugada de gran dificultad técnica. Murillo y Zapata encontraban rápido a laterales o mediocentro, y estos pasaban a los interiores, que formaban una línea de pase en diagonal difícil de defender. Una vez el balón llegaba al círculo central, Macnelly, el preferido en salida, o Cuéllar lo que hacían era mover el balón para asentar la jugada en campo contrario con la ayuda de un James muy móvil. Macnelly, sabio, imprimía una pausa ágil ante la presión peruana y usaba a James, Sánchez y Fabra como paredes, mientras Cuéllar compensaba con movimientos sin balón que creaban líneas de desahogo hacia adelante para el ’10’ de Nacional. Ahí estuvo la importancia del rol de Cuéllar: además de participar activamente en la salida desde atrás, Gustavo debía compensar la libertad posicional de James y Macnelly con movimientos por delante de la línea del balón que lo ponían por momentos como mediocampista más adelantado. El cambio de nivel lo hizo dudar por momentos, pero rápidamente se adaptó y hacia el finalmente del primer tiempo sumó minutos de muchísima calidad que, por forma, no están al alcance del resto de mediocampistas de selección. La presencia de Cuéllar le dio a la libertad creativa y posicional de James y Macnelly un sustento importante. No es casualidad que las dos jugadas de mayor peligro de Colombia hayan llegado desde la teórica posición de Cuéllar en el lado derecho del mediocampo, y por medio de dos futbolistas distintos. Colombia salía bien, sin prisa pero sin freno, y movía el balón con cierto dinamismo.

Cuéllar, Fabra, Balanta y Castillo debutaron de manera oficial con la selección de mayores

El resto del invento sí presentó más problemas. Por un lado, Arias no es Camilo Zúñiga. A pesar de que el lateral del PSV tiene mucho oficio y sabe correr la banda con propiedad, su capacidad asociativa no es alta, y ahí Colombia necesita alguien que sepa reposar la jugada y servir de apoyo creativo a los mediocampistas. Si Arias no logra ser eso, Colombia tarda más en poner el balón en campo contrario y su estructura en transición defensiva se debilita porque la calidad de la posesión disminuye y el posicionamiento de los futbolistas es más riesgoso ante pérdida de balón. Lo mismo para el lado izquierdo. La nueva disposición de Colombia equilibra ambas bandas y pide, más o menos, lo mismo a sus dos laterales. Fabra supo aportar en salida de balón, pero en fase ofensiva se mostró nervioso y no dio el nivel técnico que necesitan James y Macnelly de sus laterales. Además de todo esto, la integración de los delanteros en el entramado ofensivo no es buena, y ni Teo ni Bacca mezclaron bien con el mediocampo. Tampoco ayudó que James estuviera excesivamente acelerado y no masticara un poco más la jugada como en otros tiempos. A pesar de todo esto, el nuevo sistema de Colombia se mostró sólido y ayudó al equipo a ser superior a una muy organizada Perú.

En la segunda parte, Macnelly y Cuéllar salieron para dar entrada a Cardona y Balanta, lo que confirmó la apuesta por esta nueva organización táctica, así como también que ni Edwin ni Kevin están preparados para interpretarla de la misma forma que los dos barranquilleros. Balanta fue transparente. No jugó mal, pero no tuvo peso alguno en ninguna fase. No se notó su presencia y eso no es buen síntoma, aunque su juventud lo perdona. Cardona, por su parte, volvió a ser lo mismo de siempre: una amalgama de acciones técnicas muy desequilibrantes, incluso desde posición retrasada, pero que no ayudan a Colombia a sumar pases en ningún momento. Más interesantes fueron las intervenciones de Castillo, Roa y el otro Balanta. El delantero de la MLS se movió muy bien en el plano horizontal y desbordó a la defensa peruana, mientras que el enganche del Cali se adecuó muy bien a la diferencia de nivel entre el fútbol colombiano y el fútbol internacional, y fue participativo a su manera, jugando su fútbol. De Álvarez Balanta hay que destacar que es un plus importante en salida de balón, pues tiene el poso y la técnica para dar soluciones individuales a los retos colectivos que plantee el contrario.

En definitiva, este amistoso ante Perú debe ser marcado en el calendario como el día uno del proceso hacia Rusia 2018. El nuevo sistema promete y potencia muy bien las virtudes de Colombia. Hay cosas que ajustar y habrá que ver que roles tiene reservado José a jugadores como Cuadrado, Falcao, Zúñiga, Aguilar o Guarín, pero, a diferencia de los meses anteriores, el futuro se ve brillante. Colombia por fin pudo pasar página.

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