Algo está pasando en Barranquilla. Algo que había sucedido antes. O así parece. Esa fue la impresión con la que debieron salir del Estadio Metropolitano quienes asistieron ayer al Junior 3-1 Cali. El equipo rojiblanco jugó un primer tiempo prácticamente perfecto por su belleza basada en coherencia, y coronado por dos prodigios brutales de Vladimir Hernández. Dos de los momentos más emocionantes del Fútbol Profesional Colombiano en varios meses.

El Metropolitano recupera sensaciones de antaño

La coherencia la planeó Alexis Mendoza, la puso en práctica Cuéllar, y la coronó Vladimir. Si bien el conjunto barranquillero padece el no poder cerrar los partidos a voluntad, sí que puede dominarlos mientras se produzcan sinergias positivas, lo cual sucede, por lo general, al principio de los encuentros, cuando hay oxígeno en los pulmones.

Además, varios de los futbolistas tiburones pasan por un momento de forma excepcional. Gustavo Cuéllar es, hoy por hoy, el mejor centrocampista del torneo, y seguro que Pékerman lo ha percibido así. Y mención aparte merece Vladimir, el pequeño que siempre se ha caracterizado por intentar muchas cosas de crack, pero al que pocas acciones de esas le salían. En cambio ahora, todo lo que intenta sucede como lo planea. Y como imagina obras muy diversas, está sumando en cada momento. Habrá que estar muy atentos a lo que pase en la Arenosa con la escuadra rayada. Merece todo el cuidado y más.

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