Un expulsado, después otro y después otro. En 41 minutos se pasó de la táctica a la improvisación; del trabajo de una semana a las modificaciones sobre la marcha; de Uruguay al colegio. Allá en el colegio, donde se admiten equipos incompletos, patadones desmedidos y desórdenes de todo tipo. Allá en el colegio, donde gana quien más se divierte. Allá en colegio, donde Morelo es crack.

Como en el colegio: cortita y al pie. Gambetas inocentes, siempre oníricas, un tanto autistas. Una competencia consigo mismo. A Morelo no se le analiza porque no hay nada qué descubrir. Para entenderlo hay que recordar. Morelo es el colegio; lo que todos fuimos alguna vez.

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