El Polideportivo Misael Delgado era sinónimo de reto y dificultad para Deportes Tolima. El rival impondría de inicio sus condiciones, un césped sintético. Carabobo trató de dominar la pelota y hacerse de ella en campo contrario. El equipo de Alberto Gamero por su parte intentaba ser un equipo corto en defensa y estirarse saliendo disparados al ataque. Los lanzamientos en largo no brindaron opciones ni ventajas para Tolima. Rogerio Leichtweis, solo en punta, fue asfixiado por los centrales  -Rojas y Acosta- y sin receptores cerca a la hora de descargar, no generó ninguna situación de riesgo. La partida se desbalanceó a favor de la visita cuando los dos interiores, Matheus Uribe y Wilmar Barrios que formaban un triángulo junto a Nicolás Palacios en 4-3-2-1, leyeron que debía jugarse a un solo toque y hacer ancho el campo. Un par de metros más adelantado Jonathan Estrada apareciendo entre líneas y tirado sobre un costado fue pieza clave para permanecer en campo contrario y bajar la intensidad con que se jugaba. Entre idas y vueltas, y la movilidad de Néstor Bareiro podría salir Tolima lastimado.

El compromiso dejó detalles importantes para la vuelta. El equipo adquiere mayor equilibrio en mitad con Nicolás Palacios a su vez que la transición de defensa a ataque toma mayor claridad, Wilmar se encarga de recibir el primer pase y Matheus, más adelantado, organiza y dirige cerca de Estrada cual será la zona de ataque. Por otro lado, Andrés Felipe Ibargüen no ofrece las mismas variantes por dentro que jugando pegado a la cal, donde desequilibra y es mortal en el uno a uno. Si encuentran a Andrés en Bogotá y es en banda, seguramente Ibargüen tomará el carril más rápido que lleve al gol.

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