Diez minutos bastaron para encender la caldera del Beira Rio y sólo trece más para apagarla. Seguramente sonará excesivo y un tanto facilista resumir 90 minutos de fútbol en una breve explicación sobre el inicio del encuentro, pero ciertamente los 23 minutos iniciales del primer partido de la semifinal entre Internacional de Porto Alegre y Tigres de la UANL pueden ejemplificar claramente lo que fue la victoria 2-1 del conjunto local.

Los primeros diez minutos fueron de dominio total del local

Un 4-4-2 que en ataque se transformaba a un 4-2-2-2 fue el sistema con el que saltó a la cancha el equipo local. D’Alessandro y Valdívia a pierna cambiada se cerraban para permitir la salida de los laterales Geferson y William, poblando el campo rival con hasta ocho jugadores por momentos. Este movimiento complicó a Tigres cada vez que intentó salir por la derecha, con Jiménez y Damm. Valdívia, Nilmar y Geferson presionaron la salida por ese costado. En los primeros diez minutos recuperaron dos balones y el equipo local subió los dos primeros tantos a la pizarra electrónica, 2-0, D’Alessandro y Valdívia ponían a cantar al Beira Rio.

El frenesí de los locales parecía no parar y continuaron presionando al rival hasta comprimirlo en su propio campo. Cinco minutos más pasaron con el partido bajo control del Inter, Tigres comenzó a desechar su idea inicial de salir jugando. El 3-4-3 en salida con Torres y Damm bien abiertos en los costados para facilitar el escape de la presión abriendo la cancha no estaba dando resultados, decidieron jugar en largo y si que les dio resultados.

Con envíos largos Tigres le encontró la salida a la presión de Inter

Saltando la primera línea de presión del local los visitantes se dieron cuenta que podían dejar a sus hombres más hábiles, Aquino, Sóbis y Gignac, de cara con la caótica línea defensiva del Inter compuesta, de derecha a izquierda, por William, Ernando, Alan y Geferson. Además éstos tenían que correr 40 metros hacia atrás mientras intentaban defender los arrancones individuales, porque de colectivo Tigres tuvo muy poco, del equipo visitante.

En los últimos metros los delanteros del conjunto mexicano bailaron a la defensa con cuanta gambeta pudieron encontrar en el repertorio. De esta forma generaron el córner que les dio el descuento y dos enfrentamientos directos con el arquero, uno de Sóbis y otro de Gignac, que pudieron haber significado el empate. Más allá de esto, lograron desconectar del circuito ofensivo a Dourado y Aránguiz, quienes tuvieron que alejarse demasiado de Valdívia y D’Alessandro para poder contener los embates del visitante.

Tras veintitrés minutos el partido quedó retratado, los otros 67 se los pudieron haber dado de descanso a los futbolistas. De éstos sólo quedó la expulsión de Ayala, defensor central autor del descuento, que amenazó con inclinar la balanza hacia el equipo local, pero un pequeño ajuste, salida de Damm e ingreso de Briseño, permitió que el partido continuara igual. Inter presionando, mostrando que es un equipo al que le cuesta mucho descifrar una defensa posicional, y Tigres decidido a sacar lo mejor del partido mediante los envíos largos, esperando a que alguno de sus delanteros sacara producción de sus virtudes individuales.

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