Guaraní es un equipo que juega muy bien, pero que lo hace con un plantel repleto de limitaciones. Y estos son dos detalles que, por mucho que mutuamente se escondan, jamás se eliminan. Bajo la dirección del español Fernando Jubero, el cuadro paraguayo se ha convertido en una fuerza sumamente efectiva: partiendo de un sistema conservador que genera ventajas por zonas, sus futbolistas han entendido perfectamente el accionar requerido por cada situación, de tal manera que el equipo sin y -sobre todo- con la pelota siempre refleje sincronización. Esto, sin embargo, provee apenas la base, el contexto, para una generación de situaciones de peligro que sí exige la brillantez. El talento puro y bruto. Y, por fortuna para El Aborigen, en esa categoría cuenta con Federico Santander.

El talento de Santander es clave desde la gestación hasta la finalización

La mayor cualidad de Santander está quizá en su plenitud, en la variedad complementaria de sus virtudes independientes. Es un futbolista sumamente completo, cuya calidad en el remate a veces opaca un muy buen juego fuera del área. Aún dentro del contexto del torneo de clubes más importante de América, queda claro que Santander tiene una técnica en el remate bastante superior al promedio, visible ya sea en su golpeo de media distancia, o en su definición dentro del área con la cabeza o con los pies; pero, en Guaraní, el aporte de Santander se extiende mucho más allá de la finalización. En una Copa Libertadores en la que ha tenido que medirse con rivales de la categoría de Racing de Avellaneda o Corinthians, el conjunto paraguayo ha utilizado con frecuencia un repliegue bastante profundo con un esquema de 5-4-1, en el que Santander aparece solo en punta. Y dado que la transición ofensiva del equipo es lenta, los toques de Federico son claves para agrupar y esperar el movimiento de sus compañeros, se traten éstos de un apoyo en corto, o de una habilitación larga hacia los costados. Federico no goza de la movilidad o la agilidad de un Paolo Guerrero, por ejemplo, pero su fuerza y técnica en el primer toque le bastan para convertirse, con sus aguantes de pelota, en el principal punto de desahogo tanto para los defensas como los mediocampistas. Y, consecuentemente, en el epicentro de la mayoría de los ataques.

Santander busca siempre empujar hacia adelante en punta, y estirar, pero en Guaraní esto requiere desenvoltura, prácticamente, en todo el largo del campo. Por fortuna para los de Jubero, él se siente tan cómodo ayudando y pivoteando, como finalizando; le da igual jugar de espaldas o recibir de frente para habilitar o correr. En el área, Federico maneja no sólo la definición, sino también los desmarques. Genera goles con disparos o corridas cortas que tan bien lo pueden liberar a él como a un compañero. Le da igual todo, y hace de todo. Y lo sabe hacer. Y ahí marca diferencias.

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