Bogotá: una metrópolis que se alza en medio del helaje del altiplano, helaje que se antoja eterno y estremece los huesos cada noche. Sus techos son bajos para mantener el escaso calor y en las cocinas nunca falta el café. Buena parte de las costumbres bogotanas se rigen alrededor del calor. El fútbol no es la excepción. ¿Qué es aquello que los fieles bogotanos no perdonan que falte en sus equipos? Calor. Bogotá, condenada al frío sin gracia, encuentra en el fútbol caluroso una forma de resguardo.

Daniel Torres supo de qué va esto y, con un derroche de energía siempre como argumento a su favor, disipó dudas desde el primer momento. Torres era ese paisano querido por todos porque entendía y respetaba los códigos de conducta del pueblo: el juego físico, enérgico y caluroso. Pero Torres aportaba un valor agregado, una lengua extranjera que todos gustaban oír: tenía buen pie.

Vamos por partes. Es cierto que Daniel Torres se abrió paso en Independiente Santa Fe a partir de su juego físico y una personalidad salvaje. Sus piernas son capaces de una zancada ciertamente larga, su eje gravitacional se mantiene después de chocar y su resistencia física es garantía de oxigeno incluso en los partidos más intensos. De su estabilidad gravitacional se desprende su aptitud para ganar segundas jugadas; de su zancada y resistencia, la lateralidad que lo caracteriza. Torres es capaz de menearse de lado a lado en el campo cuando las coberturas así lo requieren. Aunque su zancada no es veloz y da la impresión de que no llegará, sí es larga y termina llegando.

Daniel Torres es una garantía defensiva más por posicionamiento que por robo

El portento físico de Daniel Torres está al servicio de una inteligencia sobresaliente. Hablamos de un jugador con una disciplina defensiva digna de cualquier elogio. Es muy rara la ocasión en que un ataque rival lo encuentra mal parado. Si no está formando la primera línea del medio, está cumpliendo con alguna cobertura necesaria. Y así como aguanta bien al rival, también sabe irlo a buscar. No le falta atrevimiento para secundar presiones altas y, en ocasiones, muestra cierta vocación para el anticipo.

Pero el contexto en que Daniel Torres verdaderamente sobresale y alcanza el clímax es, sobre todo, cuando corre hacia atrás. En momentos de transición defensiva, lo normal es verlo interponerse entre el balón y su portería. Además de sostener el retroceso colectivo, Torres orienta su cuerpo en aras de taponar el avance del rival por el centro, bien sea cortando líneas de pase o frenando la conducción de su oponente. Si el rival ha de progresar en el contraataque, teniendo a Torres enfrente, no le queda de otra que hacerlo por afuera. He aquí la segunda parte de la victoria de Torres: su achique lateral. Sirviéndose de su propio lateral y de la línea de banda, Torres conduce al rival al exterior, lo encierra y detiene el ataque. Es un doble movimiento que repite una y otra vez. Y es muy bueno haciéndolo.

Que Daniel Torres se desenvuelva cómodamente protegiendo la zona interior legitima plenamente la decisión del DIM al ficharlo. Leonel Álvarez ha heredado un equipo que sufre todo tipo de problemas cuando se trata de defender por dentro. Daniel Torres tiene todo para ser el ancla del DIM en el medio. Pero así como Torres está llamado a colmar las necesidades del DIM, el DIM también deberá lidiar con los problemas de Torres.

El DIM no encontrará un primer pase loable en Torres

Como dijimos al principio, el factor diferencial de Daniel Torres en la primera línea del medio de Santa Fe fue su buen pie. El problema es que demanda un contexto muy específico para sacarlo a lucir, por lo que no siempre se adecúa a las necesidades colectivas sino que, por el contrario, requiere que ocurra a la inversa. Un ejemplo de ello es la salida de balón. Lo normal es ver a Torres incrustarse entre centrales al inicio de la jugada. Desde ahí, se puede esperar de él un pase seguro. Poco más. Torres carece de atrevimiento para conducir desde atrás o imponer ritmo con algún pase tenso. De hecho, Torres tiende a ralentizar el compás del juego. Lo más oportuno que puede brindar en la salida es un cambio de orientación urgente: algo importante en ocasiones pero escaso e insuficiente para denominarlo un maestro del primer pase.

Dicho esto, ¿cuándo sale a flote el afamado buen pie de Daniel Torres? En el momento en que su equipo halla la manera de salir de atrás y lo encuentra en campo contrario. Es ahí en donde Torres se anima a tomar las decisiones ofensivas de su equipo. Entre más adelantado recibe, mayores riesgos toma, y va dejando de manifiesto la visión acertada que tiene para encontrar a los delanteros. No hay duda que, entre sus prestaciones ofensivas, su capacidad para romper líneas es la más destacable. Su fetiche es el pase con altura. Y, precisamente, los partidos en que los rivales se han limitado a ver la pelota pasarles por arriba han sido sus actuaciones más determinantes. Su golpeo por debajo del balón es la medida de su inspiración.

El fichaje de Torres al DIM podría beneficiar a ambas partes

Expuestas las virtudes y los vicios de Daniel Torres, nos queda vaticinar un poco más sobre cómo le vendrá Torres al DIM y cómo le vendrá el DIM a Torres. El efecto principal del fichaje, salvo un giro inesperado, será que el DIM encontrará en Torres el ancla que lleva anhelando un buen tiempo. La duda principal surge en la base de la jugada. La ausencia de Vladimir Marín, generador del fútbol del DIM en incontables ocasiones, dejará coja la salida de balón. Ante esto, no hay indicios de que Torres pueda valer como recurso suficiente.

Respecto a cuán positivo resulta el fichaje para Daniel Torres, los roles de Luis Carlos Arias y Yilmar Angulo servirán como respuesta. Es cierto que Daniel Torres ha mostrado una evolución notable en lo referido a disciplina posicional, a lo cual Gustavo Costas contribuyó indudablemente. Pero también es cierto que, en esa misma reconversión de Torres en volante ancla –originada en la partida de Gerardo Bedoya de Santa Fe–, una parte de su progresión como jugador ha quedado inconclusa: su juego por delante del balón. Los recursos de Torres en campo contrario, recursos que esperamos hayan quedado consignados a lo largo del texto, atesoran un potencial considerable. Algo intentó Wilson Gutiérrez en la segunda mitad de su era en Santa Fe: a partir de los relevos Luis Carlos Arias y Yulian Anchico, Daniel Torres volvió a frecuentar la frontal del área. Los resultados le dieron la razón. La buena noticia es que el mismo Luis Carlos Arias lo acompañará en su paso por Medellín. ¿Volveremos a ver al Daniel Torres determinante? En el estadio La Libertad, Daniel Torres dejó constancia que, sea en el sistema que sea, terminará encontrando la manera.

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