El problema de asimilar piezas grandes es el hueco que, a menudo, queda tras su partida. Es el caso, por ejemplo, de Junior con Macnelly Torres. Con la salida del creativo barranquillero, Alexis Mendoza pierde una figura alrededor de la cual había construido su equipo; un cimiento, o cuando menos, un pilar. Con Torres como contratación estelar, Mendoza había instaurado el pasado semestre un ataque posicional vistoso que, si bien llegaba a ser intermitente, conseguía estallar con suficiente frecuencia los momentos de brillantez en los pies Macnelly, que necesitaba para alcanzar la finalización. Sin aquel jugador, sin embargo, no hay camino claro. Las opciones de Alexis -ambas repletas de incertidumbre- se pueden resumir en dos caminos. El primero consiste en cambiar por completo el sistema, buscando generar nuevas sinergias para potenciar a los jugadores restantes. El otro implicaría preservar la mayoría de las bases del sistema, supliendo a Mac con el jugador más cercano a su perfil: Michael Ortega.

Ortega busca la explosión que le han negado los años

Michael llegó en el 2013 y se hizo dueño de la número ’10’ del Junior hasta la llegada de Macnelly, pero durante ese lapso, su nivel se quedó bastante corto de las expectativas. “Me quedó un sabor agridulce de la época en la que utilicé ese número y quise cogerlo nuevamente porque quiero demostrarme a mí mismo que sí puedo portarlo”, comentó hace unos días. Pero, ¿realmente es capaz Michael de afrontar un rol tan protagónico? Durante su proceso en la sub-20, más de uno insinuó que la influencia de Ortega -una emocionante promesa en ese momento- no alcanzaba su potencial en el equipo debido a la imponencia de la figura de James Rodríguez en la misma zona del campo. No obstante, más allá de lo que sugerían sus capacidades técnicas y mentales en el 2011, en los últimos 4 años Michael se ha mostrado incapaz de ser un potente recurso creativo por sí solo. La dirigencia del Junior invirtió una suma sustancial para comprar su pase al Atlas mexicano hace dos años, esperando que éste pudiera ser una figura fundamental en la gestación del equipo, pero el futbolista mostró una zona de influencia muy reducida y no tuvo funciones predominantes ni en el proceso del Zurdo López ni en el de Julio Comesaña. Su momento más importante con el tiburón, de hecho, llegó al comienzo de la era de Alexis Mendoza, con Macnelly Torres como principal portador de responsabilidad.

¿A qué Michael veremos este semestre?

Es difícil juzgar a Ortega debido principalmente a su inconsistencia. Aún con Junior, el futbolista ha demostrado partidos de brillantez tremenda: jamás ha habido dudas de su técnica o su rapidez mental, y su capacidad de girar rápidamente sigue siendo bastante buena. Durante aquel buen comienzo del semestre pasado, Michael llegó a ser el futbolista más importante en la gestión de pelota para Junior; sin embargo, la falta de estabilidad apagó por completo su momento. Michael sufre de lapsos de concentración en los partidos que lo llevan no sólo a alejarse del balón, sino también a tomar decisiones equivocadas. Y así, tenerlo resulta simplemente insostenible. En su última etapa con Junior Macnelly sufrió de problemas similares, pero el nuevo futbolista de Nacional justificaba su inclusión en el equipo con su eficacia descomunal. Michael no goza de lo mismo. Su fortaleza está en su participación frecuente y coherente, en el uso de sus dotes mentales para potenciar sus grandes virtudes técnicas, haciéndose así indispensable para el trámite.

Para ser el enganche que quiere ser, Michael debe dejar de ser el jugador que ha sido, y comenzar a ser el que prometía. A sus 24 años, un incremento repentino de madurez con los comienzos de un proceso continuo es posible. Pero no es garantizado. De no haber una mejora considerable, Michael podría presentar un recurso interesante como gestionador regresando desde la segunda línea de volantes, aunque apoyado bastante en la tarea de creación por otros futbolistas como Vladimir Hernández, Gustavo Cuéllar, Jorge Aguirre, y la gran apuesta que es Jarlan Barrera.

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