La única constante positiva de la Selección Argentina esta Copa América, además de Messi, ha sido casualmente el rendimiento del único socio del 10: Javier Pastore. El hombre del PSG no contó para Sabella a lo largo de todo su proyecto. Por lo tanto, de buenas a primeras se vio beneficiado con el cambio de entrenador, ya que Martino traía consigo la idea de cambiar el juego de la subcampeona del mundo. Y Javier sería capital en ello.

Pastore ha ocupado la posición de mediapunta en el 4-2-3-1 argentino. Su adaptación fue inmediata, y su desempeño ha sido lo único ligero en medio de la espesura de la posesión de su conjunto. El ex-Huracán recorre todo el eje horizontal para tocar la pelota. Y siempre intenta darle ayudas asociativas a Messi. El flaco, dentro del esquema, es imprescindible. Lo mejor es que también demostró su valía al correr con pies ligeros, contra Paraguay hace unos días. Hoy, en la Final, contra Chile, en Santiago, Argentina competirá por un título que anhela. Ha sido demasiado tiempo sin tocar metal para un país tan devoto al balompié, y Pastore seguro será importante. Se lo ha ganado.

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