Tener fe en el fútbol de Perú es, más que nada, tener fe en el ADN de su futbolista. Sin mayor contextualización. De ahí, al menos, ha partido todo. Así mismo lo vio Ricardo Gareca antes de asumir un cargo al que luego calificaría como el desafío más importante de su vida. “Creo en el jugador peruano, por eso estoy aquí”, declaró en su presentación. El Tigre ha reconocido, con puntualidad, destellos borrosos en el futbolista inca que, si bien eran visibles desde hace años, rara vez habían sido detallados con tanta nitidez. En un momento en el que la discusión sobre la identidad futbolística del país comenzaba a tomar fuerza por primera vez en décadas, el estratega argentino llegó a instaurar conceptos nuevos y a revalorar las piezas a su disposición, revitalizando así a una generación cuyos logros, hasta entonces, se habían quedado cortos de su potencial. En cuestión de meses, la selección peruana de Ricardo Gareca se ha convertido en una bestia elaborada y competitiva, digna de enfrentarse a cualquier equipo de Sudamérica. Y eso dice mucho sobre su evolución.

Gareca llegó en marzo del 2015 y marcó un cambio descomunal

Al ser destituido en diciembre del 2014, el ex-seleccionador de Perú, Pablo Bengoechea, evaluó al jugador peruano como un diamante bruto: “Condiciones para el juego las tienen de manera natural; se requiere mejorar el físico para tener ritmo de competencia internacional.” Gareca se dedicó a explotar lo primero y a pulir lo segundo. Jamás habló de estilo: tenía una idea, pero estaba dispuesto a empeñarlo todo. A optimizar. Forjó relaciones claves: viajó a Italia a visitar a Juan Manuel Vargas, luego a Alemania a hablar del físico de Claudio Pizarro y a reunirse con Jefferson Farfán. Y supo, a la misma vez, identificar a sus piezas claves en la liga local. Convocó a un cuestionado Christian Cueva como principal revulsivo de su transición ofensiva, y al goleador del anterior proceso, Carlos Ascues, como defensa central. Este último ayudaría a orquestar, junto a Carlos Zambrano, lo que sería una de las mejores salidas con pelota de la Copa América. Con Advíncula y Vargas como laterales adelantados se podía gestar una salida lavolpiana pulcra; con Ballón y (sobre todo) Lobatón, había pase entre líneas y juego interior. Perú dejó de ser el equipo reactivo de Markarián, o el cuadro indeciso de Bengoechea, para ser un cuadro proactivo. Impulsivo y atrevido. Un ecosistema perfecto para que la clase de Paolo Guerrero saliera a jugar. Lastimosamente, una expulsión extraña en Semifinal le salió cara al seleccionado de la raya cruzada que tuvo que abandonar la Copa. Sin embargo, el mensaje es claro: en Eliminatorias, ahora compite uno más.

6 comments

  1. El cambio que comentas, Jairo, ha llegado de cabo a rabo. Pasar a consolidar una pareja de centrales Zambrano-Ascues, elegante y complementaria, es un cambio drástico al Acasiete-Rodríguez en 2011, por ejemplo. Esto demuestra las intenciones y las representaciones de Gareca en direccionar a esta Perú que, si bien le falta pulir matices, fue la que mostró un plan más sensato y un sistema potencial a cada posición “natural” de los futbolistas, sobre todo la ascensión a Guerrero. Ricardo-Paolo es Perú.

    1. Así es, Ricardo. Tu tocayo llegó dispuesto, no a reforzar o instaurar dogmas, sino a romper paradigmas. Y los resultados han sido brutales.

  2. Muy cierto, Jairo. Has dado en el clavo: ya nos tocaba (re) definir nuestra identidad futbolística. Y esta propuesta de Gareca, con la pelota y el arco rival como banderas, además de generar mucha adhesión, ha demostrado ser muy válida, fiable y competitiva. Como bien dices: ya estamos en el partidor, listos. Saludos.

    1. Muchas gracias, Rubén. Así es. Al comienzo de la Copa mi amigo Diego Sáenz escribió un articulo sensacional en este medio contextualizando un poco el momento futbolístico de Perú. Y siguiendo el proceso de Gareca uno se da cuenta de que ha sido, a la vez, un visionario y un gran ejecutador.

  3. La verdad Jairo que las perspectivas a futuro son alentadoras, algo radicalmente a distinto a lo que se pensaba en la previa de esta Copa América. El trabajo de Gareca no solo ha potenciado las individualidades que todos conocíamos (Guerrero, Farfán, Vargas, etc.) sino que ha formado un colectivo que nos ha permitido descubrir a nuevos interpretes, los cuales constituyen una base importante para lo que viene de cara a las eliminatorias.

    Si bien es pronto para emitir un juicio concluyente, la eficiencia y el manejo de los registros del juego mostrados por Perú en esta copa nos permiten establecer un punto de partida desde el cual el técnico argentino deberá encontrar los recursos para gestionar ,progresivamente, el crecimiento de una selección que apunta a volver a la competitividad.

    1. Clave esto que mencionas de la potenciación de nuevas incorporaciones, ¿no? Da la sensación que algunas veces el momento o la reputación de algunos jugadores, dificulta la incorporación de otros que pudieran hacer una porte distinto y quizá más necesario. Con Gareca no ha sucedido esto. Él quiere al futbolista que más utilidad le pueda sumar, venga de donde venga.

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