Llionel Messi está pletórico. Hay que partir de ese hecho -porque no es una suposición, es un hecho- para abordar todo lo que tenga que ver con los equipos en los que él milita. El 10 del Barcelona y de Argentina llega en un estado de forma excepcional a afrontar los cuartos de final de una Copa América que está obligado a ganar. Más aún después del precedente del Mundial, y de haber conseguido el segundo Triplete de su carrera siendo la estrella absoluta en su club. El nivel de presión es tremendo. Y, sin embargo, su equipo, el dirigido por Gerardo Martino, ha sido más de sombras que de luces en esta competición.

Messi en la derecha de Argentina no encuentra lo mismo que en la derecha del Barcelona

Señalar por esto último a Messi no tendría sentido alguno. Todo jugador de este deporte está atado al amplio contexto de sus equipos. Y Lionel, que esta temporada ya demostró ser un universo incontenible de fútbol a poco que le ayuden, no encuentra situaciones para brindar calidad y superioridad a la albiceleste de forma constante. El Tata Martino ha trabajado con el 10 en banda derecha, al igual que Luis Enrique en España, pero los entornos y los resultados son sustancialmente distintos en clave Messi, y ello se reflejado en el juego de su bando.

En el Camp Nou, desde enero, la hoja de ruta ha tenido siempre como constante, primero, que Messi tenga una opción de pase fija en la izquierda, y segundo, que encuentre libertad para irse a zonas interiores desde su posición de extremo sin que el equipo pierda amplitud por derecha. De la izquierda se encargaban Alba o Neymar, y de la derecha, Suárez, Rakitic o Alves. Pasa entonces que en Argentina, por lo general, Zabaleta no se está proyectando en ataque, y el interior del flanco de Messi -Biglia- nunca ha sido de coquetear con la línea de cal. Además, Di María, el teórico extremo izquierdo, no se queda estirando en su banda para esperar el pase enroscado de Messi, y Rojo, el lateral izquierdo, cuando recibe arriba, no tiene capacidad técnica para hacer productiva su ventaja posicional.

Argentina, teniendo en cuenta todo lo anterior, es un equipo de marcada vocación ofensiva a través del manejo de la pelota, pero sin las facultades para hacer efectiva su arma más letal: nada menos que el mejor futbolista del mundo. Y los demás jugadores del grupo albiceleste, ubicados en un sistema específico, tampoco se prodigan tocando la pelota con tanto acierto y sentido como para desorganizar al contrario de manera constante. De ahí que sus arranques de partido en esta Copa siempre hayan parecido apabullantes: porque con aire y resto físico ejecutar es más fácil. Luego, cuando falta oxígeno y las piernas dejan de responder, Argentina se queda en poco. Messi puede producir muchas cosas al mismo tiempo por sí solo incluso con todas las trabas expuestas antes durante la primera media hora. Después, cuando necesita un cable de sus compañeros, encuentra un panorama desalentador.

Colombia deberá sobrevivir la primera media hora

Colombia, aún al borde del colapso, y mermada por la baja de su doble pivote al completo, tendrá opciones si sobrevive a los 30 minutos iniciales de Messi, Pastore y Agüero, y si logra superar a Mascherano corriendo hacia Romero. Los encargados de llevar a buen término la hazaña serán Ospina, Murillo, Mejía, James y Teófilo. Complicado, sí, pero no imposible. Las dudas no las tiene sólo el conjunto de Pékerman. Messi y compañía tampoco gozan de muchas certezas.

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