Un método siempre se juzgará parcialmente con respecto a su éxito, particularmente, en un juego con un amplio espectro de estrategias posibles y un único objetivo. La justificación siempre estará ahí, al menos desde un argumento casi circular: “se jugó bien porque se ganó y se ganó -supuestamente- porque se jugó bien.” Desde una evaluación más independiente, sin embargo, lo de Colombia es difícil de defender. Una combinación de factores ha llevado a que el equipo, luchando contra la corriente desde hace tiempo, finalmente colapse sobre sí mismo, y la respuesta ha sido nula. Inexistente. Ante Perú, lo más grave no fue que Colombia sintiera cómo la clasificación a la siguiente ronda se le escurría de las manos; sino, la impotencia con la que ésta observaba cabizbaja. José Pékerman y su tricolor se han quedado sin soluciones o, siquiera, respuestas. No las hay. En mitad de un partido en el que la victoria parecía, ante todo pronóstico, necesaria para la supervivencia, no hubo para especular sino un cambio indescifrable, un volante de marca, y una sustitución inservible. Nada. Los tres encuentros de la Copa América, de hecho, no han sido sino una guerra constante contra el recuerdo de un momento futbolístico irrepetible, que, desde su nostalgia y ansiedad intrínseca, ha acabado jalando a la selección, aún más, hacia el estancamiento. Y en el fútbol, como en la vida, estancarse es lo único inaceptable. Es morir. En las palabras de James Rodríguez, “estamos penando”.

¿Hemos llegado al fin?

De momento, la suerte mantiene a Colombia en la Copa y, así, conserva con vida una fantasía cuya transparencia se hace cada vez más conspicua. Pero, ¿y ahora? ¿Qué viene después? El actual proceso sin duda ha dejado atrás su pico en un rincón tan lejano que la opción de volver es inexistente. Para moverse, solo queda seguir adelante; pero antes, hay que ver si es posible. La actual generación se ahoga en su propia insipidez y pide a gritos una revitalización futbolística y motivacional a la que José Néstor Pékerman aún no acude. La fidelidad a su éxito inicial le ha dificultado al argentino la toma de los riesgos necesarios para cambiar -los mismos paradigmas, el mismo equilibrio situacional-, y si su camino no es el correcto, Colombia tendrá que escoger entre caerse o dejarlo atrás. El peor enemigo del progreso, dicen, es el progreso falso; y éste suele ir apoyado en glorias pasadas. En reflejos. Más allá del efecto directo de los planteamientos tácticos, las actuaciones de los futbolistas necesitan ser incentivadas con sensaciones dentro y fuera de la cancha, actuales y potenciales, y a Pékerman, parece, se le han acabado. Para continuar, Pek debe convertirse en otro. Hoy por hoy, en el estancamiento no queda sino un presagio de una amarga despedida.

Ciclos

En 1998, en una entrevista publicada por el diario argentino El Clarín, Marcelo Bielsa explicó que “un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea”. Es una frase de tantas que el estratega argentino lleva anotada en un libro de notas. En aquella misma entrevista, Bielsa recordó una de sus metáforas favoritas: una analogía que el actual seleccionador uruguayo Óscar Wáshington Tabárez recordaría nuevamente en el 2013, a pocos meses de participar en la Copa Confederaciones, y a unos cuantos de haber caído goleada por 4-0 ante la Colombia de Pékerman en las eliminatorias: “Los equipos de fútbol tienen, como las civilizaciones, evoluciones e involuciones. Tienen un advenimiento, un apogeo, y una decadencia. Y en el fútbol pasa lo mismo».

One comment

  1. Jairo, la verdad que estás formulando preguntas importantes. ¿Apresuradas? Para mí, no. Desde la convocatoria misma era justo preguntarse, bueno: ¿qué tiene para ofrecer Pekerman en los próximos cuatro años? Porque en esta Copa América no ha ofrecido más que un conservatismo contraproducente. Pero no es un conservatismo estilístico, si se quiere. No, ese estilo se ha venido desvaneciendo con Teo en la izquierda o con Cuadrado titular. No es un conservatismo de esa índole, porque acá el estilo se ha puesto seriamente entredicho. El conservatismo que ha mostrado Pekerman es el de las jerarquías por encima del estado de forma. Eso hay que ponerlo en tela de juicio.

    ¿Que estamos ante el fin de la era Pekerman? Pues eso es algo que no me queda tan claro. A ver: el método Pekerman no es infalible en absoluto, por supuesto. Pero tampoco es caduco. Ante Brasil imaginé de todo menos que fuera a alinear el mismo mediocampo de aquel día contra Venezuela. Eso es Pekerman en esencia: ¿que Falcao no está en plena forma y la Copa América no es momento para él? No; porque Falcao no está en forma, es el momento para confiar en él. Pekerman es eso. Repito: su método no es infalible, pero el partido ante Brasil es demuestra que tampoco es caduco.

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