(…) Teo, en su condición de vínculo fragmentado, es en todo sentido un concepto íntegro e impenetrable: A la misma vez el joven resguardado por las pandillas del barrio La Chinita, y el hombre callado de los pases sensibles. Un futbolista en llanto. El niño que, según su padre, “prefería el balón que la teta”. Teo es fútbol, del puro; y por lo tanto, una ecuación cambiante, en constante búsqueda un ‘algo’ grande y esquivo, mientras su hinchada, universal y privada, halla en él un elusivo eslabón.*

*Extracto del artículo Fútbol Difuminado.

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