El garrafal error de Fernando Amorebieta en el partido ante Perú fue bastante reminiscente del proceso de César Farías. Bajo el anterior director técnico, Venezuela fue un equipo considerablemente agresivo: si bien no se excedía en el campo de juego, sí rozaba los límites con su discurso. Era un momento distinto, por supuesto. Farías había llegado a consolidar un alza de popularidad en el fútbol venezolano sin precedentes que se había venido cocinando durante el tiempo al mando de Richard Páez; y su principal pretexto, tanto para con sus jugadores como para con su público, era una solicitud pendenciera por un respeto que, ameritado o no, le había sido negado hasta entonces al fútbol vinotinto. La proposición futbolística era, consecuentemente, más un complemento que un argumento: bajo Farías, Venezuela siempre fue un equipo reactivo, que jugaba cuando el contexto así lo daba. Ocasiones raras. Y era un equipo que, ineludiblemente, pegaba. En medio del conflicto interno y la animosidad entre clases sociales que afligía (y continúa afligiendo) al país, Venezuela encontraba unión temporal enfocando frustración sobre un blanco común: el rival. La Copa América del 2011, resultó ser el mejor torneo internacional en la historia del país, y Farías fue dirigiendo su discurso cada vez más hacia un sentimiento nacional de victimización colectiva, de tal manera que el hincha local llegó hasta a celebrar golpes al equipo opuesto. «Le voy a comer los tobillos a Messi”, amenazaba Tomás Rincón, citado en la tapa de los periódicos.

Chita lo ha cambiado todo

Bajo la mano de Noel Sanvicente, Venezuela es otra: un equipo con una propuesta de fútbol con pelota elaborada, y con conceptos relativamente lujosos, que posiblemente se haya consolidado el día de su debut en Chile 2015 ante Colombia. Los primeros trazos del partido ante Perú sirvieron como mayor evidencia de la calidad de la idea: desde el pivoteo de Juan Arango a la puntualidad multifacética de Alejandro Guerra. Más allá de gustos y tendencias filosóficas, después de todo, para progresar en una eliminatoria, la proactividad pudiera ser esencial para el proceso vinotinto en esta nueva idea. Pero la falta insensata de Amorebieta que acaba ameritando su expulsión ante Perú, llega desde un pasado como recordatorio del lado opuesto del disco: una idea jamás se olvida por completo.

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