Sería injusto categorizar lo sucedido ante Venezuela como una sorpresa. El declive de Colombia comenzó a ser evidente desde la Copa del Mundo, inmediatamente después de la lesión de Radamel Falcao, y en los meses recientes -debido a una gama de factores- se había intensificado. Era claro que en los últimos amistosos Colombia probaba, ante rivales de menor envergadura, distintos métodos para generar contextos cuya creación intrínseca se había hecho imposible con el desenchufe casi simultáneo de Edwin Valencia, Macnelly Torres y Radamel. Pero nunca hubo señales de consolidación. Ni la más mínima. A aquellas deficiencias sistémicas, se sumaron las presiones de la inflación mediática -tanto a nivel individual como colectivo- y de bajas de nivel y moral atroces, de tal manera que la tormenta, finalmente, tocó tierra. Lo sucedido era inevitable y, como todo, apenas cuestión de tiempo.

 Infraestructura defectuosa

Las primeras pistas de que algo extraño podía ocurrir llegaron desde que se dio a conocer alineación inicial. Ésta no disgustaba del todo, pero la aparición de Carlos Bacca como delantero titular junto a Falcao García, yuxtapuesta a la ausencia de un mediocampista interior con el criterio y dinamismo de Abel Aguilar, comenzaba a generar dudas. No quedaba claro cómo se avanzaría entre líneas sin balón. Ni siquiera si esto era posible. Casi de inmediato fue evidente que José Néstor Pékerman apostaba por un fútbol muchísimo más directo: no un derivado moderado como el juego resolutivo que había planteado durante la Copa del Mundo, sino un sistema directamente fundado en el lanzamiento y el choque, que dejaba cero espacio para la salida con pelota y conllevaba confiadamente a lucha de los delanteros en la profundidad del territorio rival. Pero ante el embudo forjado en la retaguardia venezolana esto no fue efectivo. Apoyada en la corpulencia de Túñez, Vizcarrondo y Amorebieta, la última línea vinotinto consiguió repetidamente superioridad aérea, y la primera línea de mediocampistas fue exitosa tanto al cerrarse hacia la defensa, como al neutralizar los rebotes.

Epicentro

Hay que destacar, no obstante, que la infertilidad en el último tercio no fue la única cause del fracaso, ni el único motivo de preocupación. En el contexto de la Colombia de los últimos tres años, la posesión y el dominio son prácticamente equivalentes, y con la pérdida lo primero, lo segundo fue inexequible. Venezuela fácilmente se hizo dueña del mediocampo, apoyada por el robo seco de Tomás Rincón y el dinamismo incansable de Luis Manuel Seijas. A eso, hay que decirlo, se sumó la conducción de Juan Arango -cuyos toques, aunque escasos, eran esenciales tanto en trámite como en la búsqueda de la finalización- y el desconcierto de los mediocampistas colombianos, quienes veían la pelota más volando sobre sus cabezas que llegando a sus pies. No hay duda de que Carlos Sánchez y Edwin Valencia se encuentran lejos de su mejor forma. Ellos intentaron, por naturaleza, acercarse a los centrales para intentar ejecutar salidas con pelota así fueran escasas, pero, su impacto se diluía en su falta de rapidez, la severidad de la presión rival, y la ausencia de un primer receptor. Esto, de hecho, pudo haber sido el epicentro de la tragedia. Los tres hombres en última línea -dos centrales y un mediocentro- jamás encontraron un escalón que sirviera como variante para el rechazo largo (e impreciso) y mucho menos un primer pase partiendo de esa posición. Valencia y Sánchez fueron nulos entre líneas y recibiendo de espaldas. No existían. Y eso también era de esperarse.

Ruptura

Ya más allá de los patrones sistemáticos fallidos, hay que decir que el nivel individual, nuestro principal argumento de adaptación, tampoco estuvo. El recurso de los laterales -Pablo Armero y Camilo Zúñiga- tanto en la salida como en la llegada fue bastante blando, y los defensores centrales se vieron deficientes en posicionamiento, velocidad y capacidad para la basculación. Los ataques de Venezuela fueron escasos, pero Murillo y Zapata, con frecuencia, se vieron exigidos. Por otra parte, sería injusto juzgar el partido de Carlos Bacca y Falcao García, ya que las deficiencias colectivas limitaron bastante su participación; sin embargo, es importante resaltar la inconsecuencia absoluta del fútbol de James Rodríguez. El ‘10’, hasta los últimos 20 minutos, sencillamente no apareció. Su accionar tras recibir de espaldas fue mucho menos eficiente de lo usual, y se mostró por lo general débil y ansioso en la conducción. El generador de momentos estuvo en freno y más allá de su impacto directo, su ausencia volteó la balanza de sensaciones completamente a favor del cuadro de Noel Sanvicente.

Recuperación

¿Es posible rescatar la Copa? Resulta difícil decir. Colombia, hacia el futuro cercano, es una incógnita completa. Sin embargo, parece evidente aquello que Pékerman quizá se rehusó a creer antes del partido: es necesario volver al comienzo. A la identidad del proceso. Y cueste lo que cueste. Colombia, hoy por hoy, tiene recursos cuya mejor forma no compagina con la idea que resucitó el argentino con su llegada, pero estos deben ser considerados dispensables ante el camino del éxito. Y todas las probaturas parecen sugerir que regresar a esa premisa inicial es el preludio ineludible para la victoria. Para tal propósito, restablecer la salida con balón como punto de partida -quizá con la inclusión de Pedro Franco o Carlos Sánchez como centrales titulares- pudiera ser una opción importante. Y posibilitar el ataque posicional con la inserción de Teo Gutiérrez en el once inicial parece ser necesario.

“De hecho, no es anecdótico que en el fútbol, como juego que se mueve entre lo místico y lo alegórico, se acuda tanto al concepto de identidad para explicar el éxito de determinados clubes y selecciones. Los equipos de fútbol son personificaciones de una historia y están compuestos por un ADN exacto. (…) Esa ha sido la función del fútbol en Colombia. La de contar chistes en los momentos más lúgubres. Es algo que se ve en nuestro estilo de jugar por jugar, a veces como si no hubieran porterías y pensando que estamos en el barrio jugando un picadito con amigos. Divirtiéndonos.”*

*Ustáriz, Eduardo. La Estrategia del Caracol en El Dorado Magazine (Edición #00). Bogotá. Julio 15, 2015. Pg. 24

5 comments

  1. El primer párrafo es confuso en su linea temporal. La Copa del Mundo fue posterior a la lesión de Falcao y, de hecho, uno podría argumentar que Colombia jugo mejor en la Copa que en las eliminatorias.

    Pasando al fondo, este partido me recordó a la doble jugada de eliminatorias con Perú y Ecuador en 2012. Poco fútbol, el equipo de pelea con la pelota, sin pausa y sin ritmo a la vez, con mucho choque físico.

    Concuerdo con la idea de volver a la identidad alegre y nada pendenciera, aunque con Brasil lo segundo es improbable porque sera un choque físico.

    1. Confuso no es. De hecho, usted entendió lo que sugiere Jairo y está en desacuerdo, lo cual es válido. Yo, personalmente, me adhiero a la posición de Jairo.

    2. Hola, Juan Pablo.

      No entiendo del todo qué fue lo que resultó confuso. Mi intención con la cláusula entre las comas (“inmediatamente después de la lesión de Falcao”) fue profundizar con respecto al mismo momento; es decir, en teoría y en términos muy específicos, esta frase representa una equivalencia y no una progresión en la línea temporal hipotética. Es el mismo momento en más detalle. Como tú lo has dicho, “momento posterior a la lesión de Falcao” = “Copa del Mundo”.

      Respecto a lo otro, yo personalmente tendría que estar en total desacuerdo. Para mí el fútbol de las eliminatorias, al menos partiendo con (o después de) aquella jornada que mencionaste, fue muy superior al del Mundial. En la Copa del Mundo se manejaron recursos ligeramente fundados en una base generada en aquel gran momento, pero nunca llegamos a ser iguales. Los partidos ante Perú y Ecuador, de hecho, me parecieron exhibiciones de una idea que apenas estaba intentando tomar forma, pero que todavía no lo conseguía; y las similitudes con el último partido ante Venezuela, evidencia, precisamente de lo que ambos hemos comentado: la regresión en el nivel y el capital futbolístico del proceso.

      Finalmente, con respecto a tu último punto, debo decir que estoy de acuerdo. De hecho, Pékerman vio de igual manera el partido ante Brasil durante la Copa del Mundo y por eso incluyó a Guarín. Pero habrá que esperar a ver qué pasa esta semana.

      Déjame saber si puedo intentar aclara algo más. Gracias por tu aporte. ¡Saludos!

  2. Excelente post Jairo. Tenemos una selección muy inflada por los medios. Los comienzos de Pekerman fueron muy ilusionantes, en las eliminatorias se jugó muy bien al fútbol, pero desde la lesión de Edwin Valencia todo empezó a irse a pique. En el mundial, más allá de los resultados, el equipo no convenció, y de no ser por el nivel de acierto que tuvo James, no habríamos llegado así de lejos.
    No entiendo la decisión de Pekerman de no llamar a mediocentro organizador (Aldo Leao, Quintero). Ese doble pivote Sánchez- Valencia tiene muy poca capacidad para superar líneas, y esto sumado a la verticalidad de Cuadrado, hace que el equipo no pueda tener ese fútbol asociativo en el que se siente cómodo

    1. Muchas gracias, Julián. Estoy muy de acuerdo con tus puntos. La verdad es que el mejor Aldo Leao pudo haber aportado mucho en este contexto como lo mencionas; sin embargo, creo que Pékerman dudó de su nivel por su falta de regularidad en México. De hecho, con respecto a eso hay que decir que quizá el mejor Edwin Valencia también pudo haber aportado algo, pero ése no ha aparecido. A todas estas, creo que la ausencia de un interior (Abel) nos saldría carísima con cualquier alineación, y espero que la inclusión de Teo y alguna otra sorpresa por parte de José Néstor sirvan para ajustar así sea un poquito.

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