En los torneos de selecciones se suele decir: “el primer partido es el más difícil”. Los nervios aploman las piernas, la ansiedad nubla la mente y el fútbol deja de fluir. El México-Bolivia, por la primera fecha del grupo A de la Copa América 2015, resultó ser un homenaje a tal afirmación.

El partido no inició mal, con un Jesús Corona muy activo, intimidando con su regate al lateral derecho boliviano Miguel Hurtado. Sin embargo, apenas se prolongó en el tiempo sin que el arquero Quiñónez saliera en pantalla. A pesar de que los tres centrales mexicanos podían construir ventajas en la salida de balón, el hecho de que sus interiores estuvieran tan abiertos facilitaba el trabajo defensivo boliviano. A México le costaba horrores plantarse de cara en campo rival. Sólo la labor de Matías Vuoso, recibiendo de espaldas, le permitió habilitar a algún compañero con posibilidades de progresar. Ni siquiera el cambio de banda de Tecatito activó el ataque del Tri. Nada relevante. Al paso de los minutos, Bolivia salía cada vez con más constancia, principalmente con los movimientos de sus delanteros Marcelo Martins Moreno y Jhasmani Campos. Ambos se abrían y buscaban recibir a la espalda de los carrileros mexicanos. Martins Moreno en derecha y Campos en izquierda, inquietaron lo suficiente para generar las únicas ocasiones del primer tiempo.

La lesión de Rafa Márquez aumentó la propuesta ofensiva de México

En la reanudación, el ingreso de Javier Aquino y Raúl Jiménez dio paso a un cambio de dibujo. La sustitución de Rafa Márquez cambió a México su 5-3-2 por un 4-4-2 más puro. Con Aquino y Corona pegados a la cal, México embotelló a Bolivia en su área. Los volantes de banda mexicanos empezaron a eliminar a los laterales bolivianos y las ocasiones comenzaron a gotear. Además, la actividad de Raúl Jiménez en la zona del ‘10’, por fin abría una línea de pase a los centrales y el jugador del Atlético de Madrid podía descargar hacía sus mediocampistas centrales con tiempo y espacio para ejecutar. En esa última media hora, sin ser mucho menos un huracán ofensivo, México demostró el contraste de calidad entre su plantilla y la boliviana y debió marcar la diferencia en el marcador. No lo hizo y el partido se saldó con un amargo empate a cero. Si México y Bolivia quieren clasificar a los Cuartos de Final, tendrán que ganar a uno de los dos equipos más fuertes del grupo. Han hipotecado sus posibilidades de estar entre los mejores ocho del certamen.

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