El pueblo boliviano ha vivido sendas derrotas y malas presentaciones de parte de su selección de fútbol desde fines de la década de los noventa. Luego de su participación en el Mundial de EE.UU. 1994, donde cayó eliminada en primera ronda, y de la Copa América que organizó en 1997, Bolivia no aprovechó el momento de auge futbolístico para darle más competitividad a su selección mayor. La Verde se convirtió en esclava de la historia, pretendiendo que su glorioso equipo del 93-94 no envejecería jamás. La tendencia en los últimos años ha sido clara: lograr victorias en La Paz jugando un fútbol deslucido, salvo alguna que otra goleada contra equipos poco predispuestos a aceptar la altura. Por otro lado, Bolivia ha demostrado no tener otro recurso que meterse atrás como visitante para no recibir goleadas y luchar a ciegas por asegurar esa media plaza para una siguiente fase de Copa del Mundo. El carácter y compromiso del equipo atrevido de principio de la década de los noventa ha desaparecido. Ya no vemos jugadores salir de las inferiores con la calidad técnica de un Marco “Diablo” Etcheverry, Milton Melgar, Erwin “Platiní” Sánchez o Julio César Baldivieso. Hoy por hoy, Bolivia es un equipo que se dedica a participar y no competir.

A falta de competitividad, Bolivia requiere una transformación de raíz

El fútbol de otros países sudamericanos ha visto mejoría, tal es el caso de Chile, Ecuador y Venezuela (moderado en este último caso) a diferencia de Bolivia. La explicación de este retroceso boliviano tiene fundamento en la ausencia de un proceso estructurado de formación de divisiones inferiores que involucre a los actores mayores del balompié nacional. Bolivia cuenta con muy pocos jugadores que han vestido camisetas importantes de ligas extranjeras –caso Marcelo Martins Moreno–, un claro ejemplo de la falta de competitividad de la liga local y de la poca visibilidad del jugador boliviano promedio. Esta carencia no se trata de una falta de talento en el jugador boliviano, sino de una falta de trabajo alrededor de este talento. Bolivia tiene el potencial para sacar varios equipos en divisiones inferiores, pero está a años luz de un proceso sustentable y formativo en el marco de la alta competitividad.

El problema sistémico también viene acompañado de una crisis institucional de la Federación Boliviana de Fútbol ilustrada por una más que obvia cultura de corrupción. El Presidente de la FBF, Carlos Chávez, personaje poco querido por ciertos clubes (ej., Bolívar), gobierno nacional y opinión pública, acaba de ser citado por La Fiscalía General del Estado, instancia que abrió una investigación para establecer si hubo delitos de legitimación de ganancias ilícitas, evasión tributaria, uso indebido de influencias y beneficios en razón presuntamente cometidos dentro de la Federación. Varios dirigentes han tratado de sacarlo del poder pero Chávez parece tener aliados poderosos que permiten su permanencia en la organización. En todo caso, el mensaje es evidente: Bolivia ya no tiene nada que perder y todo por reconstruir si es que quiere revertir malas rachas, como la de tener 18 años sin ver el triunfo en Copa América. Increíble pero cierto.

Evidentemente Bolivia debe trabajar más si quiere aspirar a salir del pozo en el que sus dirigentes la metieron, pero existen algunas señales de esperanza en esta selección que prepara su primer partido por Copa América en Chile. Muchos piensan que Bolivia será presa fácil para sus rivales pero existen ciertos argumentos que indican un posible recambio de ideas en el plantel. Como veremos a continuación, la Verde presenta a un equipo en papeles no muy virtuoso pero que pensamos será más compacto y preciso que en ediciones anteriores del torneo continental.

El Soria Team

No se trata de un entrenador reconocido a nivel internacional, pero los que conocen a Mauricio Soria saben bien de su compromiso para con su patria. El ex–guardameta de la selección nacional trae consigo poca experiencia internacional como entrenador, pero sí conocimiento sobre las filosofías de ciertos técnicos de gran trayectoria, caso Marcelo Bielsa. Soria es un minucioso del trabajo bien estructurado en entrenamientos y del seguimiento de los rivales mediante videos y análisis. No se ve en Soria una persona que deje las cosas a medias. Sin duda alguna, es consciente de las limitaciones técnicas e individuales de sus dirigidos cuando comparados con sus inmediatos rivales (México, Chile, Ecuador); sin embargo, no es un entrenador que se acobarde de salir a la ofensiva. El dispositivo 4-4-1-1 parece ser el más indicado para la Verde que le permita desbordar y repartir balones a Marcelo Martins Moreno en delantera. Soria va a apostar por un equipo más ofensivo pero la constancia de esta formación dependerá lógicamente del resultado contra México. Bolivia tiene buen manejo de balón en medio terreno mediante los pies de Miranda, Campos, Veizaga y Bejarano, pero la mayoría de estos se han desempañado también en funciones de contención. La creación es el problema en Bolivia y se anuncia complicada puesto a que Pablo Escobar no está en óptimas condiciones y el nivel de Jhasmani Campos no es regular ni en club ni en selección.

La idea para el medio sector es poner a Wálter Veizaga y Danny Bejarano para la tarea de contención. Martin Smedberg-Dalence y Pablo Escobar o Jhasmani Campos irán en creación. La sorpresa en mediocampo ofensivo la podrían dar Damián Lizio (naturalizado boliviano) o Sebastián Gamarra, en caso de que los utilicen por delante de esa línea de cuatro, más cerca del único delantero, Marcelo Martins. Soria está haciendo prevalecer el repaso de conceptos estratégicos en defensa y ataque para también hacerles entender dónde exactamente deben posicionarse en el terreno, dependiendo de las circunstancias del juego. Es por eso que en los entrenamientos, la intensidad de trabajo ha sido considerable estas últimas semanas. Un jugador muy joven acostumbrado a la exigencia física es Sebastián Gamarra, jugador reserva del A.C. Milan. Cuando uno ve la nómina de la Selección Bolivia, inmediatamente salta a la vista el nombre del único jugador nacional que milita en una gran institución del fútbol mundial. Gamarra es considerado uno de los jugadores bolivianos con mayor proyección debido al juego que tiene y el medio en el que se desempeña. Gamarra está codeándose con los mejores y eso solo le beneficia a la selección nacional. Se puede decir que el Pirlo boliviano, como lo llamó alguna vez Filippo Inzaghi, todavía debe demostrar su calidad en torneos profesionales de alta competencia, pero le brinda un aire fresco a un equipo que desde 1997 carece de conductores de juego virtuosos.

A raíz de la falta de jugadores experimentados en el seleccionado mayor, la Federación Boliviana de Fútbol ha recurrido en varias instancias a la naturalización de jugadores extranjeros radicados en el país. Algunos de estos jugadores han aportado mucho a sus equipos y han elevado más el nivel de la Liga profesional, tomando como caso ejemplar Pablo Escobar (The Strongest) quien se ha establecido como líder de la selección en ofensiva. Sin embargo, la mayoría proviene de equipos de segunda o tercera división del extranjero, principalmente del fútbol argentino, brasileño y paraguayo y cubren puestos específicos en el campo de juego, notablemente en posiciones de defensa y ataque.

La solidez estructural de Bolivia contrasta con la falta de jugadores desequilibrantes

Se suele decir que un equipo conformado por individualidades no puede aspirar a lograr títulos si es que no se maneja bien en colectivo. Lo contrario también es cierto, sobre todo con planteles que no están acostumbrados a pelear por los primeros puestos en torneos internacionales. Últimamente, tanto a la Selección Boliviana como a los clubes bolivianos se los ha visto jugar bien en bloque, sobre todo cuando se trata de defender y contraatacar en condición de visitante. Sin embargo, los resultados fijados pocas veces se concretan debido a que no existen jugadores con experiencia en mediocampo y ataque que sean verdaderamente desequilibrantes en momentos claves de un partido o que transmitan la confianza suficiente al resto del plantel. Ese rol lo llevaban con mucho honor talentos experimentados como Milton Melgar, Carlos Borja, Vladimir Soria y Julio César Baldivieso en mediocampo. Eran otros tiempos. Hoy al mediocampo boliviano le cuesta una enormidad alimentar balones a sus delanteros y de hacerse con el balón haciéndolo circular con supleza por el terreno. Le falta al primer equipo una identidad de juego de forma general para poder revertir su performance deficiente en la historia de la Copa América.

Bolivia cuenta con talento y tiene en tres o cuatro clubes el soporte necesario para sustentar a la Verde de forma regular. 16 de los 23 convocados militan en Bolívar (5), Oriente Petrolero (4), Blooming (4) y The Strongest (3). A la selección nacional le beneficia tener en Bolívar y The Strongest dos equipos que disputaron Copa Libertadores en 2014 y 2015, respectivamente. Recordemos que el Club Bolívar llegó a instancia de semifinales en 2014 con varios de los jugadores convocados a esta cita en Chile. Por su parte, el decano del fútbol boliviano, The Strongest, poblará el mediocampo de la verde en Copa América, aportando al equipo con la experiencia de Chumacero (o Chumasteiger como se le dice) y de Pablo Escobar. Bolivia se puede convertir en una piedra en el camino de cualquiera, no por el hecho de que les superan en calidad individual, sino porque si le subestiman, puede morder. A pesar de todo esto, Bolivia debe luchar contra su pasado y generar un punto de inflexión para renovar su cantera y dotarle al jugador local de armas para devolverle la intención de competir y no participar.

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