Sentir de esa forma es difícil. Es vivir entre la gloria y el fracaso. La alegría y la tragedia. Llegó en el final de la década anterior al escuchar la voz quebradiza del Cheché. Eco repentino de una voz desconocida que buscaba entrega, competencia y liderazgo. No pensó en venir. Tampoco imaginó que con el paso de los años se forjaría una unión a base de un amor natural.

Andrés Pérez es de identidad azul y sangre verde

Andrés Pérez, en seis años en el Deportivo Cali, sólo ha logrado levantar dos títulos: Copa y Superliga. La sed de títulos no ha recalado hondo durante su estancia como para despegar de la sultana. Llegó siendo un jugador más de la plantilla y terminó apoderándose de la cintilla de capitán para no soltarla; sin saber que, años después, el verdiblanco de la cintilla tomaba entera posesión de sus huesos y corazón.

Ahora está entre los bienvenidos a una final. Una nueva. Quiere inmortalizarse en la memoria de los aficionados. El contendor es el Independiente Medellín de Leonel Álvarez, un conjunto de talento que deben contrarrestar. Y ahí es crucial que reluzcan las características del gladiador. Su rito, pregonado con intensidad desde su corazón, entregarán al juego de los suyos escudo y espada en cada acción que requiera disputa.

El ‘5’ del Cali se exhibió ante Millonarios con 10 recuperaciones, 3 entradas, 87% de acierto en los pases, una asistencia y un gol

Mientras corre en el centro del campo delinea en su mente el futuro próximo de la jugada. Recupera no por calidad, sino por sapiencia. Es un zorro dentro del campo. Olfatea el aroma del balón y sigue su rastro para llegar antes al destino. Ante el DIM será determinante el trabajo de espía que lleve sobre Brayan Angulo o Daniel Hernández. Hará de espía y contará con la libreta de Kevin Balanta, a la que pocas cosas se le pasan.

Pérez siente una necesidad profunda de destilar seguridad a cada paso. Será el bastón de apoyo para que el equipo no tambalee ante las incursiones del poderoso de la montaña. El mediocentro del conjunto azucarero es dolor comprehensivo; pues, en palabras de Dante Aligheri, «quien sabe de dolor, todo lo sabe». Amar en el fútbol es sufrir y sus partidos lo manifiestan. Ese derroche de pasión le permite ser constante. Reproducirse en el campo aunque su batería física pida energía.

El bogotano sabe que el amor al fútbol no es un fenómeno accidental y mecánico que simplemente “se experimenta”. El amor hacia el fútbol para él es todo lo contrario: un arte. Una profesión que requiere aprendizaje. Aunque no haya tomado lección de cortar sin falta. Error que comete porque el amor es, ante todo, locura. Actitud peculiar de su carácter dentro de un rectángulo que es testigo del arte de amar.

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