Colombia venía de 180 minutos aceptables en sus dos primas actuaciones por el Mundial sub-20 ante Catar y Malí. En el primero, se expuso Montero con sus reflejos; en el segundo, casi ni le llegaron a la tricolor. Ayer, sin embargo, fue todo lo contrario: un primer error de Sánchez sentenció los horrores de Álvaro Montero y Davinson Sánchez para catapultar la justa derrota sobre Portugal (3-1). Los lusos ofrecieron mínimo margen de maniobra al gol de Nuno Santos de tiro libre a las primeras de cambio. Colombia jamás reaccionó al primer golpe. Fue el KO definitivo. No obstante, los de Carlos Restrepo lograron el pase a octavos de final finalizando en la segunda colocación.

Pues eso. A las primeras de cambio, en un fallo de Sánchez y una falta de Villarreal, Portugal logró abrir el marcador a través de Nuno Santos. Iban tres minutos de juego, y esto, sin corrección, sepultó a Colombia. La sepultó, principalmente, porque se vio obligada a cambiar de guion. Colombia obtuvo la posesión en la primera parte, aunque Portugal situó sus líneas muy arriba, casi sin dejar mover con comodidad el balón, adquiriendo una salida sucia y con varias pérdidas de Sánchez y, sobre todo, Quintero. Lo más sorprendente fue por Quintero, porque es el central que más registros maneja desde atrás con la pelota, pero los lusos respondieron con basculaciones de presión hacia la zona del actual futbolista del Cali. Movimiento defensivo inteligente y audaz, ya que en el sector diestro colombiano, además de Quintero, estaban Tello y Villarreal, obligando al capitán amarillo a jugar con su arquero Montero, arriesgar en corto o recurrir en largo.

Gutiérrez gestionó mejor el primer pase

El guajiro Gutiérrez leyó el escenario y limpió la extracción futbolística. Colombia arrancó, más o menos desde el minuto 30, sus ataques posicionales por el carril zurdo con Sánchez, Angulo y Gutiérrez. Víctor es el centrocampista con mejor ejecución, mas no con mejor técnica. Es decir, no siempre le acompaña la acción, pero entiende qué pide la jugada. Los apoyos en corto de Gutiérrez y las posteriores combinaciones interiores con Zapata le regalaron un punto de calidad a la elaboración colombiana. Fue un minucioso impacto. Colombia salió del acecho.

Colombia mejoró en ataque con Quiñónez y Barrera; empeoró tácticamente hacia su arco

En la segunda parte, 1-0 abajo, Piscis decidió sacar a la cancha a Deinner Quiñónez, futbolista del Quindío. Colombia perdió fuerza y sostenibilidad en transiciones defensivas sin Villarreal, pues era el pivote nato en la titular, y con Gutiérrez fijo en la base… una especie de Bryan Rovira a expensas de su lectura defensiva automatizada. Colombia mejoró su juego interior, pero las pérdidas eran dinamitas. No era el balón lo que perdía, sino una granada. Cada robo de Portugal se convirtió en hectáreas verdes para lanzar, correr, pausar y decidir. Colombia se desactualizó, no compitió y apenas se encomendó a un irreconocible Montero.

Al final, Colombia mejoró con la entrada de Jarlan Barrera. Quedó confirmado con acciones y corroborado con su asistencia que el samario es el único que comprende los movimientos sin balón de Rafael Santos Borré y los elabora para que controle con ventaja incluida. El tiempo sobraba y los del Piscis marcaron el gol de la honra que capitalizó la segunda plaza del Grupo C a manos tricolor. Tragedia sin curación. Una enmendación ajena obtenida por la asociación Barrera-Borré, en parte.

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