Segunda jornada de la fase de grupos de la Copa del Mundo sub-20, y la Selección Colombia, en cuanto a huellas, no mejoró mucho. El balón parecía quemar y sin ella no había cómo llegar. Era un choque de espacios donde Colombia, en menos de 40-50 metros, quería juntarse para no peligrar tras pérdida y sumar muchos toques. Alexis Zapata con su fogosidad e inquietud llevó a pasos de un Rugrats a la tricolor a portería rival. Era el único argumento. Nadie acompañó con constancia.

Piscis Restrepo salió con el mismo equipo que venció, con trabas, a Catar en la primera fecha, salvo la novedad de Villarreal por Ayala. La propuesta era sencilla: tener la pelota, empezar a controlar el ritmo y no competir físicamente con Senegal. Esto, en principio, se consiguió. Sin embargo, Colombia no se juntó para tocar, sino que se encerró. Villarreal o Gutiérrez, uno de los dos, se acercaba a los centrales para accionar la salida, y Zapata, hiperactivo, apoyaba entre líneas en busca de derrochar fútbol. La superioridad numérica desde atrás estuvo, pero Tello y Angulo no estiraron. Senegal recuperaba y tenía muchos hombres amarillos por delante de la línea del balón. Escaso trabajo recibieron Montero y los centrales Quintero y Sánchez a través de esta fórmula, que no era su fin principal pero sí secundario.

Zapata no paró de sumar y, de paso, encendió el talento de unos pocos

Colombia no tenía movimientos ofensivos progresivos. Joao realizaba cosas que ningún futbolista colombiano hace, solo que a una velocidad estresante. Senegal lo dejaba recibir, le permitía encarar y recuperaba por inercia física. Borré, nuevamente aislado, tampoco ofrecía ventajas en la recepción por la transmisión estéril del frente de ataque hacia Zapata. Alexis se enchufó con doble participación y se daba el lujo de recibir a la misma altura de los centrocampistas, trasladarla a campo senegalés, y sumar regates y combinaciones para superar las dos líneas de cuatro sólidas africanas. Tanto fue la participación, la confianza y el partido de Zapata que transformó el penalti, el empate colombiano, a lo panenka. Intratable el ex del Envigado.

Para el segundo tiempo, por el contexto, Colombia se encomendó completamente a Alexis Zapata. Los mejores momentos amarillos se forjaron con Santos Borré conectado fuera del área, Joao regalando apoyos retrasados y Zapata ejecutando ventajosamente el pase interior. El número 8 contagió a los que pudo, porque la calidad está. Colombia parecía una locomotora de fútbol; el asunto es que eran únicamente ellos tres, pero en un pódium donde el mediapunta del Udinese sacaba abismal diferencia. Lucumí sin chispa en el desborde, Gutiérrez hiper improductivo batiendo líneas, y Villarreal en este preciso plan no suma ni gotas. Los cambios de Jarlan Barrera y Carlos Ibargüen se originaron tarde. 1-1 final y a esperar por Portugal.

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