Ayer El Campín presenció un duelo a la altura de las circunstancias como hace mucho no sucedía, en todo el sentido de la expresión. Millonarios y el Deportivo Cali atravesaron, cada uno por pasajes, estados de máxima tensión competitiva, reflejada en la intensidad del movimiento de sus futbolistas. Del lado embajador, Fernando Uribe y Mayer Candelo llevaron la bandera. Los azucareros, por su parte, vivieron y sobrevivieron a lomos de un Andrés Pérez imperial. Todo un envite de semifinales que no defraudó a nadie.

Para esta ida de la eliminatoria, Lunari alineó a los de siempre excepto por Machado y Agudelo, quienes fueron reemplazados por Mosquera y Tello respectivamente. El Pecoso Castro, mientras tanto, envió al campo su línea defensiva habitual, más un centro del campo conformado por Andrés Pérez de mediocentro, Kevin Balanta y Yerson Candelo de interiores, y Andrés Felipe Roa de mediapunta. Arriba estuvieron Murillo y Preciado. Ambos técnicos dibujaron su 4-4-2 en rombo del día a día. Las bajas más sonadas en ambos equipos eran Jonathan Agudelo y Rafael Santos Borré, ya que sus ausencias restaban cosas parecidas a sus respectivos conjuntos: profundidad cimentada en buenos movimientos por delante de la pelota.

Millonarios hizo muy ancho el campo al inicio

El partido comenzó marcado por la presión adelantada del Cali, de la cual Millonarios escapaba a través de la amplitud de sus laterales e interiores para poder generar espacio por dentro. El equipo visitante no llegaba a los costados, y los locales lograban sacar muchos centros, sobre todo por el flanco de Frank Fabra. En el área esperaba nada menos que el goleador absoluto de la Liga. El desarrollo pintaba más azul, pero ello no se reflejó rápido en el electrónico, sobre todo, por el poco acierto de Edier Tello en los toques definitivos hasta su pase flotado para Uribe, que terminó en penalti, expulsión de Nasuti y 1-0. Tres minutos después llegó el empate, producto de un descuido del centro del campo de Millonarios y un gran envío de Andrés Pérez, quien ya comenzaba a avisar.

Fernando Castro, luego de quedarse con un hombre menos, ajustó enviando a Helibelton Palacios al eje de la zaga y situando a Yerson Candelo como lateral derecho, posición que hasta hace poco era toda suya en el Cali de Leonel Álvarez. Andrés Felipe Roa se paró de interior, y así estuvo el Cali buena parte del juego, con un 4-3-2. La conexión entre el centro del campo y la delantera, por lo menos con pases cortos, fue casi inexistente.

Andrés Pérez: 10 recuperaciones, 3/3 entradas, 4 intercepciones, 87% pases

Habría que ver si en la segunda parte Ricardo Lunari, al ver de la superioridad numérica, decidía mover ficha para acentuar el dominio de su equipo con la pelota a sabiendas de que el Cali replegaría cerca de su portero. Sin embargo, el técnico argentino no tocó nada para el inicio del período complementario. Ese fue el pasaje de más comodidad para los visitantes. Millonarios controlaba la pelota pero no creaba peligro. Esto se puede explicar porque la capacidad de desborde individual de los centrocampistas azules es poca y Federico Insúa no es de activar muchas cosas de forma constante a través de sus pases. El Cali se adelantó en el marcador con un golazo de Pérez y transmitió más peligro que nunca en el partido. Lunari quiso cuidarse, pidió sosiego, pero lo que pasó fue que los suyos bajaron la intensidad y sólo el 1-2 los despertó de un corto pero fatal letargo. Uribe, hoy por hoy la gran figura ofensiva del torneo gracias a sus movimientos incesantes, contestó con un testarazo espectacular a los pocos minutos tras uno de los muchos desmarques de ruptura más centros que ejecutó sin parar Maxi Núñez tras su entrada. 2-2.

Empezó entonces la exhibición de Mayer Candelo. Se movió por todas partes con la pelota, y con él se movía Millonarios. Como si él fuese un imán y los demás jugadores de Millonarios piezas de metal. El Pecoso resolvió empotrarse en su parcela de campo con un 4-4-1 y firmar el 2-2. Y casi lo logra, pero el ‘10’ ex-Cali la colgó del ángulo a falta de dos minutos bajo la delgada y molesta lluvia que ya caía en Bogotá. El domingo, en el Palmaseca, se jugará la vuelta y se conocerá al finalista. Partidazo.

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