Hace unos meses, de cara al Sudamericano sub-20 disputado en tierras uruguayas, se escribió acerca de la Selección y sus inconvenientes vistos en el Esperanzas de Toulon. Muchas de esas incertidumbres o dudas se refutaron con el nivel de varios futbolistas. Colombia pasó de ser un equipo estéril en la salida con balón a un equipo con personalidad para sacarla; Colombia pasó de perder los partidos físicamente a ganarlos; Colombia pasó de desordenarse con sus laterales a tener un orden sistemático. Todo esto, y más, a continuación, lo desmenuzaremos.

Colombia mejoró ampliamente de Toulon a Uruguay

Colombia consiguió transmitir una idea y un fútbol riquísimo a una respuesta coherente en todo el Sudamericano. El equipo, en pocas actuaciones, se vio frágil o maniatado. Posiblemente ante Uruguay y Brasil en la fase regular, pero el resto de compromisos los dominó cierta o indudablemente. El dominio nació de una postura del Piscis, sin defender o atacar, de regalarle un equilibrio cualitativo. El balón fue un fin para conseguir esta notable resolución. No era fácil competir en muchos registros ante la tricolor, y cuando tenías la posibilidad… tenías el orden del rombo defensivo que parecía el cimiento del Burj Khalifa. Montero insuperable, Quintero-Sánchez dominantes y Rovira, ausencia grave en Nueva Zelanda, organizando el repliegue. Cantar victoria o gol antes de lo previsto era ahogarte con una soga al cuello, pues tarde o temprano lo terminarías pagando caro. Muy, muy caro.

Carlos Restrepo es un entrenador que patenta el 4-2-3-1 de cabo a rabo en la generalidad de páginas de su currículum. Ya lo vimos en Argentina y Turquía destacando Bonilla, Vergara Amú, Pérez y Quintero; ahora en Uruguay y próximamente en Nueva Zelanda. Su dibujo táctico es intocable, casi innegociable para el ex-entrenador del DIM. Parece claro, o al menos gran parte, que Colombia se parará estratégicamente así en la Copa del Mundo. No es un fútbol de ángeles o inhumano, pero la sub-20 logra muchas ventajas con este módulo. En varias fases del Sudamericano fueron supremos: repliegue y transición. Contar con Jeison Lucumí y Alexis Zapata –suplente– en los carriles externos, por ejemplo, le permite a la Selección un físico abrumador para recuperar posiciones fácilmente en el retroceso. Lucumí con más físico, por supuesto; pero Zapata con pérdidas astutas y agudas. El juego de bandas, casi de la línea de mediapuntas, recaerá el doble en ellos sin la participación de Luis Manuel Orejuela. Seguramente, esto genere un ajuste con el traslado de Jeison al carril derecho para paliar la ausencia de profundidad y desborde. Juegue quien juegue de lateral: el tímido Rodin Quiñones o el confuso Andrés Tello.

El factor Rovira era orden, limpieza e inventiva

Regresó la incógnita en el doble pivote. Entre Andrés Tello, Sebastián Ayala y Sergio Villarreal, tendrá que erigirse por dos de ellos el director técnico paisa. El nombre de Tello y el equipo donde está actualmente, la Juventus, lo decantan como la primera opción, se piense o no en el ex del Envigado para el lateral diestro. Esto responde al acompañante a su leve costado: Sergio Villarreal. Aunque Sebastián Ayala contagie por su energía y capacidad de recuperación, es un futbolista idóneo a un sistema planeado a robar en sectores altos. El mediocentro de La Equidad es más vivaz y eléctrico en el ahogo, casi destacando por sus despejes e intercepciones mas no por su robo. Inclinarse por Tello-Ayala como pivotes sería picar a Colombia al abismo, completamente desigual a lo que había conseguido con Rovira en el Sudamericano. No convocar a Sebastián Salazar fue perder al jugador con mejor criterio de balón y más preparado para superar presiones adversarias. Villarreal no lee efectivamente cuándo meterse entre los centrales, cuándo accionar el ataque posicional desde atrás y, sobre todo, cuándo dar el primer pase para acarrear ventaja en recepciones de posibles receptores. Es un tema que por nombres disponibles no hay mucho remedio.

Con Borré, Barrera y Zapata, creatividad y ocasiones habrán

La solución a este asunto creativo estaría en Jarlan Barrera. El volante ofensivo de Junior, que jugó aproximadamente de vértice superior con Comesaña en su última etapa rojiblanca, es el factor de mayor imaginación en el equipo. Juntar a Barrera y Zapata en la misma línea mitigaría el defecto anterior. Ellos dos más las ayudas de Rafael Santos Borré significarían un poder arriba que ningún otro combinado del grupo, sobre el papel, tendría. Prácticamente indetectables e imparables. Borré y Barrera, en ese orden descendente, hallan las zonas débiles de las defensas rivales por su inteligencia, y las rompen con sus movimientos hiperactivos fuera y dentro del área. Pero, claro, esto se traduciría en alejar a Jarlan de la frontal de ataque y reducirle sus números de asistencias y goles en contra de una demarcación ideal, pero no personal. Barrera no ha caído en cuenta, por su juventud, que las asistencias y goles son un resultado precoz; en cambio, su fútbol, entre más cerca aparezca del círculo central, son un resultado maduro y de años.

Pero… ¿y si el plan del Piscis no es exactamente adueñarse del balón? Tranquilamente, encorvarse a un plan sacando rédito del potencial golpeo de Montero se podría dar. Rafael Santos Borré, poco a poco, es una llave al juego directo por sus apoyos largos y altos que se van añadiendo a su salto. No es nada espléndido, sí vigente. El barranquillero es competitivo en los duelos aéreos y activaría de cara a los hombres de segunda línea. Todo recaería en ganar un par de balones y que los de atrás acompañen coordinadamente. Si esto no sucede o logra efecto, Colombia perdería tiempo, identidad y solvencia. Es tener una carta en una mano y una en la otra, porque tienes un ostentoso golpeador y un productivo salto-cabeceador, pero restaría conglomerar indicadores. De hecho, prescindir de un mediapunta y apostar por Carlos Ibargüen, delantero del Cortuluá, aumentaría el desafío y el beneficio del juego inmediato. Barrera y Zapata son dos de los cracks del conjunto, entonces Restrepo se vería en la difícil misión de sentar o prescindir inicialmente de uno por juntar a Borré con Ibargüen.

Prescindir de Lucumí no está entre las alternativas del Piscis Restrepo

¿Por qué no decidirse por Joao Rodríguez? ¿Por qué no sentar a Steven Lucumí? Joao Rodríguez es un futbolista que realiza cosas de muchísima calidad. Lo que hace Joao, todo es con sentido y lección. El lunar a sus acciones, a sus jugadas, es que le falta ese puntito de velocidad clave para completar la concepción. Es un juicio cuestionable, pero a Piscis no le termina de convencer. El que sí convence al seleccionador es Lucumí. El pulmón de Jeison no tiene fondo y transpira una activación grupal inaudita. Puede sacar una maniobra al primer minuto como la misma al último segundo de la prórroga. No obstante, no es lo único que tiene el extremo del América de Cali, que también sobresale del resto por tener desborde, regate y centro. Es la parte intangible y suplementaria del rompecabezas.

Colombia sub-20 aterriza a Nueva Zelanda asegurado por Álvaro Montero, liderado por Juan Sebastián Quintero, contagiado por Jeison Lucumí y madurado por Rafael Santos Borré. ¿Revolución o estabilidad? ¿Insurrección o acatamiento? Todo por el primer pase tenso y distinguido de Brayan Rovira. Motivación no faltará, pero Restrepo deberá ajustar unas fichas antes del debut mundialista. Próximo destino: superación 2003.

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