La parte más complicada de analizar a Gustavo Cuéllar es encontrarle los defectos. De que los tiene, no hay duda; pero también es cierto que éstos se esconden fácilmente tras el velo de una técnica sublime y una inteligencia diferencial. El fútbol de Gustavo es difícil de analizar porque resulta embelesante. Quizá haya sido esta misma calidad, incluso, la que atrapó al cazatalentos Agustín Garizábalo la primera vez que éste lo vio jugar. Aquel día, el scout esperaba para reunirse con un patrocinador en el barrio San José de Barranquilla, cuando la deslumbrante actuación del “mono” en una cancha local lo paralizó. A su lado, Alfredo Araújo (futuro asistente técnico de Julio Comesaña) confesaba estar en un predicamento similar: “El pelirrojo se las trae,” decía. “Hace rato que no me he movido de aquí por estar viéndolo”. Al día siguiente, Gustavo Cuéllar se encontraba en un avión rumbo al torneo Intercampus juvenil del Deportivo Cali.

Pero dado su talento indiscutible, ¿qué es lo que le falta hoy en día a Cuéllar? ¿Qué se interpone entre su calidad y las estrellas? Para responder estas preguntas, haría falta sustentar los axiomas que las sostienen. Es decir, es necesario profundizar sobre las virtudes de Gustavo. Y se podría empezar por su gesto técnico (ya mencionado), el cual pudiera ser, uno de los más finos de todo el fútbol colombiano. Si se observa la trayectoria de Cuéllar desde su paso por la sub-17 nacional hasta su momento actual, es fácil destacar que dentro del mediocampo ha cubierto prácticamente todas las posiciones (mediocentro, interior, extremo, mediapunta) y las funciones (recuperador, defensor, lanzador, etc); y esto, gracias a que su técnica actúa como perfecto mecanismo compensador. Gustavo no tiene gran visión, pero tiene un pase largo muy bueno, un control tremendo y un golpeo preciso; no es veloz, pero dribla con serenidad, pega la pelota al pie, y roba con quirúrgica puntualidad. También hay que añadir que goza de un físico notorio: fuerza, y cierta rapidez a trazos largos que, en combinación con su gran resistencia, remedia parcialmente su falta de aceleración.

El mejor Cuéllar ocurre en el contexto inmediato

No obstante, es necesario resaltar que la mayor capacidad de Cuéllar pudiera ser su velocidad mental. El pelirrojo percibe la jugada una fracción minúscula de segundos antes que el resto; y esto marca tremendas diferencias. Cuando un contrario se acerca a presionarlo, él elude porque ya lo ha visto; cuando otro se interpone en el camino del balón, Cuéllar traza otra vía porque ya lo ha presenciado. Al generar enlaces interiores, o al disparar paredes, su orientación, su intención y su anticipación voraz demuestran un conocimiento previo de lo que ocurre en el presente cronológico. Es clarividencia, de algún tipo. Incluso, al defender, Cuéllar tiene una facilidad singular para determinar la trayectoria del balón o del contrario sin exponer su conocimiento, que le genera ventajas enormes al robar.

De hecho, quizá es precisamente de esta virtud que deriva una de sus mayores debilidades. No es un argumento fácil de postular, ni de identificar, pero hoy por hoy parece que a Cuéllar le hace falta lectura de juego. Ahora, por supuesto, no se trata de una falencia grave. Pero teniendo en cuenta el estándar impuesto por sus demás características, es una carencia que lo frena. Su mente privilegiada saca ventajas de cualquier contexto en el que se involucre; pero el foco de su atención es su entorno inmediato, tanto en el plano espacial como en el temporal. Quizá por esto, su accionar busca optimizar lo que ocurrirá en el momento siguiente y en la próxima baldosa; lo cual no siempre coincide con la optimización del colectivo general. Esto se ve en su juego sin balón a veces, cuando sus salidas van más en búsqueda del robo, que de la protección general del equipo -y por consecuencia, acaba dejando huecos que no siempre logra arreglar-. Más aún, su falta de lectura se nota con el balón en los pies: sus pases son precisos, pero no siempre van en la dirección que requiere el flujo del juego, y sus conducciones suelen dirigirse a zonas poco fructíferas. Gustavo tiene gran control, pero aún así a veces evita la pausa; en su afán por imprimir su velocidad a la jugada próxima, se olvida, por momentos, de que el manejo de tiempo puede agilizar otras jugadas más adelante. Cuéllar no pierde el balón, pero en ocasiones, pierde el rumbo.

A meses de acabarse su préstamo, Cuéllar ha encontrado regularidad en Junior

Alexis Mendoza ha visto en Gustavo Cuéllar todo: virtudes y defectos, y le ha dado la responsabilidad que considera acorde. Primero, lo usó como suplente, luego como complemento fijo junto a la seguridad poco luminosa de Luis Narváez. En el último encuentro Cuéllar jugó en el doble pivote junto a Yhonny Ramírez; evidencia de que el entrenador comienza a confiar más en su criterio, y de que, en caso de que Gustavo sistematice su clarividencia, éste podría convertirse en una garantía para Junior, no solo en los presentes playoffs, sino también con vistas a un futuro.

2 comments

  1. Grandioso artículo, Jairo.

    Respecto a lo que comentas de Cuéllar y su debilidad para leer el juego, ¿por qué lo comentas exactamente? En mi opinión, Gustavo es uno de los futbolistas que mejor interpreta y lee el juego en el fútbol colombiano. Si a eso le sumamos las virtudes de su pase tenso, rápida orientación del cuerpo con la pelota y velocidad en la ejecución, se transforma en el mejor mediocentro, en clave Liga Águila, con el balón. A lo tonto, su capacidad mental me parece un déficit. Cuéllar se va de los partidos y, difícilmente, vuelve a entrar a la dinámica. Pero a que le falte lectura… hay un techo.

    1. Muchísimas gracias, Ricardo.

      Pues fíjate, lo que he visto en Cuéllar es que siempre resuelve de buena manera la jugada inmediata; pero su decisión en ésta no siempre conduce a una segunda o tercera jugada limpia. Es decir, cuando la mejor solución a la primera jugada coincide con la generación de un buen contexto para la siguiente, se sale con la suya, pero no siempre es el caso. Lo veo en distintas acciones suyas, por darte ejemplos: sus cambios de dirección con pelota vienen casi exclusivamente cuando el entorno inmediato exige desahogar; pero cuando puede resolver más rápido por un carril congestionado, él se va por ahí, así esto afecte el flujo. También, en sus conducciones toma decisiones raras: a veces se pierde y acaba arrinconándose en un costado, y evita dar pausas que podría realizar perfectamente gracias a su condición técnica (de nuevo, me parece que va pensando en la rapidez de la jugada inmediata, y no del contexto exterior). Es un futbolista que domina muy bien la mayoría de aspectos del juego, y creo que por eso, éste defecto resalta mientras que a la misma vez se esconde. Por otra parte, también es cierto lo que dices, su rendimiento y su accionar suelen variar a lo largo de los partidos, lo cual es otro aspecto a mejorar.

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