Nació como un cohete. Se movía muy rápido, con toques explosivos y clara preferencia por los carriles laterales. El Yerson Candelo que recibe Fernando Castro era un extremo. Hoy es otra cosa. Casi no se queda, pero lo hizo. Era imprescindible. Candelo bien podría ser el mejor futbolista del Cali, al menos el más formado entre los de más calidad. Y eso se nota. Sin él, el Cali no se entiende; sin él, el Cali es un puzzle sin piezas. Candelo es la llave maestra.

Candelo es la clave del sistema del Deportivo Cali

‘Pecoso’ Castro lo tenía claro. Históricamente siempre ha alineado a sus equipos en un 4-3-1-2 donde los extremos no tienen cabida, pero luchó por la permanencia de Candelo con uñas y dientes. Él sabía que lo iba a necesitar. También sabía que su posición ya no iba a ser la del extremo puro. Lo necesitaba en el medio. Ya no se iba a dedicar a desbordar y centrar, rol que le había venido perfecto hasta entonces y en el que había jugado los mejores partidos de su carrera. ¿Qué virtudes veía Castro en él para jugar de enganche? ¿Cómo podía un futbolista que como extremo no había demostrado un juego interior palpable transformarse en el ’10’ de un equipo que trataba de organizarse con balón? Pues, para empezar, una gran técnica. Candelo bien podría ser el jugador de mejor técnica de su plantel. Tanto conduciendo como pasando la pelota, en largo y en corto, destacaba. Además, poseía un gran golpeo que se veía potenciado por su posición más centrada y definía bien, y jugando más cerca al gol podía hacer valer esa cualidad. Castro no le pedía que hiciera de cerebro, sino que hiciera de lanzador: que hiciera de quarterback, acercándose a la base de la jugada para trazar las jugadas ofensivas del equipo haciendo uso de su toque de balón. Tenía cierto sentido.

El problema sobrevino cuando se dieron cuenta de que, a pesar de que técnicamente tenía todas las condiciones para brillar en su nuevo rol, Candelo no sabía moverse desde esa posición. Ni sabía a dónde hacerlo, ni en qué momentos. Le faltaba ritmo para crearse recepciones positivas por dentro, incluso dentro del fútbol colombiano que facilita ese trabajo por definición, y se sentía claramente incómodo. Asimismo, el Cali tenía un problema colectivo: era demasiado lento. No movía el balón con velocidad y sus ataques no eran diáfanos, y terminaban siendo telegrafiados para el rival. Esta situación era acentuada por la dificultad de Candelo para jugar por dentro y lo engorroso que le resultaba a Mendieta escorarse a la izquierda. La solución estaba en el punto medio. El Cali cambió su sistema por uno en el que Candelo estuviese a medio camino entre su antigua posición y en la que lo quería ‘Pecoso’, y ahí el jugador explotó. Poder abrirse a la banda derecha lo ayudó a cogerle el tranquilo a la dinámica de movimientos interiores que su equipo necesitaba de él. Aprendió a bajar y perfilarse para recibir en transición por dentro y comenzó a lanzar ataques con suma facilidad, coadyuvado por la ristra de desmarques de Santos Borré; comenzó a sumar pases interiores, desbordes por banda e incluso desmarques de ruptura a gol. Fue sensacional. Además, su sacrificio defensivo lo llevaba a tapar pasillos laterales o interiores indistintamente, ayudando a su equipo en transición defensiva con mucho aplomo.

La transformación de Candelo de cohete a lanzador hizo del Cali uno de los mejores equipos del torneo en su fase regular. Su acierto técnico y compaginación con los atacantes, Borré, Preciado y Murillo, derivó en que el Cali fuese uno de los equipos con mayor facilidad para crear ocasiones en la liga. Su contraataque se convirtió en uno temible y Yerson rozó un nivel que, si no fuese porque en su posición están valores indiscutibles en la selección Colombia, bien habría servido para llamar las puertas de la absoluta. En otra época así hubiera sido.

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