Curiosos son los jugadores que hacen de la línea de cal su hogar. Seres extraños decididos a limitar su espacio en el terreno de juego recostándose sobre la infame línea blanca, esa que marca el final del pequeño rectángulo donde todo es posible. Enamorados del pique vertical rara vez intentan jugar por el centro del campo, su visión parece estar limitada a un carril que los guía hacia el arco rival y de vuelta. De vez en cuando dan un golpe de vista hacia el centro, pero normalmente sólo sucede cuando van a enviar el balón al corazón del área rival. Afortunadamente para el Deportes Tolima hay algunos rebeldes que le dan la espalda a la línea.

El insurgente que ha sido capaz de, a pesar de jugar en banda, ignorar la línea que delimita el terreno de juego tiene como nombre Andrés Felipe Ibargüen, y no es una casualidad que el renglón albo quede casi siempre a su espalda, como él mismo lo ha dicho, se siente muy cómodo jugando por el centro del campo. Pero no es sólo la cal, también están acostumbrados a mirar el revés de su camiseta los rivales que se ven en la tediosa tarea de marcarlo. El oriundo de Cali parece hacer temblar el terreno de juego cada vez que acelera o desacelera. Sus cambios de ritmo son tan punzantes que pareciera que el terreno que pisa el rival comenzara a desmoronarse convirtiendo aquellas piernas robustas que lo esperaban atentamente en quebradizas ramas que se parten el sentir el impacto del viento que lleva en la camiseta el número 11 del conjunto pijao.

Ibargüen aporta mucho colectivamente

A pesar de que su desequilibrio en el mano-a-mano ciertamente es su habilidad más destacada, le aporta más al conjunto tolimense en su faceta colectiva. Ibargüen se presenta como un apoyo constante tanto por dentro como por fuera, su capacidad para liberarse de la raya sin inquietarse siquiera un poco lo convierte en un volante bastante impredecible que además tiene un pase entre líneas bastante decente algo que, a mi juicio, Alberto Gamero no ha logrado explotar al máximo. El rebelde del cuadro pijao resulta también muy efectivo cuando se asocia con Jonathan Estrada. El 10 tolimense suele encontrar en buena posición a Ibargüen, usándolo para atacar los espacios vacíos buscando que genere peligro con su gambeta y también se sirve de él para retener la posesión del esférico.

Defender es su punto débil

Tal vez la flaqueza más grande de Andrés Felipe Ibargüen se encuentre en su labor defensiva. Confiado en la dupla Rivas-Barrios o Uribe-Barrios, el caleño normalmente se toma su tiempo en volver y obliga a que su lateral tenga que subir para cubrir el puesto, lo que hace mucho más vulnerable a la zaga del equipo pijao. El 4-2-3-1 de Gamero exige un sacrificio que Ibargüen todavía no tiene, pero que se puede pulir y el caleño tiene la rebeldía que le falta al Deportes Tolima para responder en las grandes citas. Esperemos que eso también se pueda pulir.

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