Dictaminaba la cita de Junior en La Independencia de Tunja bajo dos respuestas: entrar o no a los playoffs de la Liga Águila I-2015. El equipo sacó cuatro puntos de Medellín en dos partidos al hilo, y tuvo la inmejorable remota opción de cerrar con candado su presencia a la segunda ronda del campeonato en casa, pero apenas sacó un punto de seis ante Tolima y Huila. Estaba en la obligación de ganarle al Boyacá Chicó en su casa, sitio donde en su historia nunca había conseguido ganar (sí a Patriotas).

Alexis Mendoza, consciente de todo, sacó a Ramírez y Cuéllar en la sala de máquinas. A priori, parecía ser un Junior con mejor salida en corto y cierta velocidad para mover el balón. El trámite del juego los primeros minutos no fue el esperado por todos. Chicó se animó a tomar el balón, moverlo de banda a banda y depender del triángulo Rodríguez, Gordillo y Sanguinetti con algún pase filtrado para el delantero Viáfara. Todo en excesiva lentitud y con pases que en cuanto a velocidad y tensión no se completaban. Junior no metió el pie, pues, le era más fácil llegar corriendo a la pelota y no anticipar.

El Cuéllar-Ramírez no cumplió las expectativas

Los minutos, a medida que fueron avanzando, le dieron protagonismo al guion ‘juego de posición’ rojiblanco. Cuéllar y Ramírez, más como recurso que como concepto, ejecutaban la lavolpiana, aunque no había superioridad numérica en la salida ya que Vélez y Noguera no subían el par de escalones necesarios para estirar a Junior tanto a lo largo como a lo ancho. Macnelly no fue una línea de pase adelantada en campo contrario, sino que bajaba a recibir muy lejos de la portería de Chaux, a la altura del segundo mediocentro, en pos de ir metiendo a Junior a pasitos. La lectura individual de Macnelly no produjo una respuesta colectiva coherente, puesto que en una misma zona tocaban la pelota Cuéllar, Ramírez y Torres, tres futbolistas que gustan de la posesión y comparten una cantidad considerable de espacio.

El único problema del doble pivote no fue con balón, también sin él. Chicó encontró fáciles recepciones a las espaldas de Gustavo y Yhonny. Los ajedrezados no le sacaron la máxima producción a esta ventaja por las limitaciones en cuanto a calidad de su propia plantilla en el último pase más protecciones y toques de primera en la frontal. La fuente ofensiva es la batería aérea, pero anoche se descargó sin Mostasilla. Esto sobre el final de la primera parte; la segunda sería otra cosa contando con la reencarnación del búfalo.

Ovelar se vistió de MVP

La imagen de Macnelly Torres disminuyó, los centrocampistas circularon menos agarrotados la redonda, Jorge Aguirre chispeó la ofensiva y Roberto Ovelar se contagió del ex del Envigado. El paraguayo dio un clínic, popular en él, de movimientos y conducciones. No es rápido; sí temible y pertinaz. Sus compañeros no sumaron acciones o situaciones fáciles, entonces Ovelar no buscó alejarse del balón trayendo a colación la habilitación de espacios y activación de zona muertas, sino que fue más que eso. Muchísimo más que eso. Brilló regalando apoyos cerca de la bomba del ecuador y potenció en exposición una faceta: cómo meter el cuerpo. Ganó todos los choques, marcó los dos goles y clasificó a Junior a los playoffs. Echó fuego por los ojos. Le espera el DIM de Leonel Álvarez.


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