Alguna vez dijo Eduardo Ustáriz: El fútbol colombiano tiene estas cosas. Es un fútbol que se presta para las exhibiciones de jóvenes maravillosos. La lista de niños que se convierten en hombres un día cualquiera es relativamente larga. En el Cali, que desde hace unos años es un equipo de niños cuidados por un par de espartanos, Andrés Pérez y alguno más, saben de qué va esto. Las galopadas y los goles de Muriel todavía retumban con eco en la mirada del hincha nostálgico.” El eco nostálgico en la mirada azucarera estaba anestesiada por Santos Borré, aunque se agravó por su marcha al Mundial sub-20; pero lo que no sabían es que Harold Preciado continuaría asumiendo su rol y parte del de Rafael, como Mateo Casierra -18 años- el de finalizador.

En una primera parte insípida, casi sin golpes en El Palogrande, el Once Caldas se animó a buscar portería rival con posesiones extensas. Johan Arango asumió el papel de crack con constancia y regularidad. Empezó a inclinar el partido hacia la portería de Ernesto Hernández, con conducciones llenas de desbordes, combinaciones por la derecha (con los juveniles Israel Alba y John Freddy Salazar) y remates lejanos. Aunque su posición inicial, a priori, era la banda izquierda, Johan asimiló la rúa del futbolista con mayor calidad técnica y decisiva del equipo; por ende, su participación entre líneas. El Cali no lo pudo frenar con Andrés Pérez solo en la base medular. Sí, solo, porque Kevin Balanta, mediocentro de talla y pachorra, se desanimó a meterle el pie al hermano menor de Paulo César. A ese Once Caldas le faltó remate y mejores desmarques sobre los centrales (como todo el semestre con Penco) para activar el último pase o habilitar espacios, cosa que sí tuvo el Cali en los movimientos con Preciado y en el remate con Casierra.

El jugador de menos llenó de energía y riesgo la estructura del Once Caldas

Para la segunda mitad el blanco blanco sufrió otro golpe: la expulsión de José Leudo. La inferioridad numérica y la presencia de Leandro Díaz como mediocentro posicional le supuso al Cali mayor cantidad de metros desolados en pos de matar el compromiso. Sin embargo, Arango volvió a recordar qué es él para el Once Caldas y se marcó dos manjares de asistencias, tratándose de la Élite de Freezer y su rastreador en el ojo; más exacto, en la pierna derecha para Johan Arango. En ese lapso breve, del 0-1 al 2-1, destacó Daniel Salazar -19 años- aun, otro debutante. Defendiendo a campo abierto, cortó varios balones in extrema res al cruce y no sesgó tobillos. Completó números sobrios para su debut: 10/14 pases cortos, 2 entradas, 6 intercepciones, 4 despejes y 1 recuperación.

Después de ese único compás de fútbol alegre y atrevido del Once Caldas, el Cali tomó de a poco el canal de la victoria. Yerson Candelo, la pieza capital, leyó mal las ejecuciones de los espacios: prefirió correr en lugar de brindarle rapidez a las transiciones con pases largos. Preciado se cansó de tirar desmarques, Roa de ofrecerse abierto y Casierra de posicionarse en el lado opuesto para el pase de la muerte. Candelo poco después ejecutó sistemáticamente y logró tres cosas: derrotar a un brutal José Fernando Cuadrado, conseguir la remontada y sellar la clasificación a los playoffs.


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