M illonarios e Independiente Medellín protagonizaron un partido de fútbol durante 45 minutos. Se fueron a los vestuarios, y quince minutos después, del túnel salieron 22 hombres a correr en medio del caos. Un caos en el que Rafael Robayo, por sus condiciones físicas y mentales, fue la figura de la noche, al clamor de un Campín a reventar, de 30 mil personas que corearon su nombre al unísono.

El arranque fue muy azul. Lunari envió al campo a los once que iniciaron hace una semana contra Nacional en el mismo escenario. Mientras tanto, el técnico interino del Medellín, Javier Álvarez, dispuso un 4-3-2-1 con las novedades de Vladimir Marín como interior izquierdo, y de un intercambio constante de posiciones entre Caicedo, Marrugo y Hechalar, quienes ocuparon zonas muy centradas del campo.

El DIM le facilitó a Millonarios la salida de balón

Esto tuvo una consecuencia directa: ninguno de los tres delanteros perseguía a los laterales de Millonarios, libres para recibir más arriba y llamar la atención de los interiores rojos. Si Déiver Machado recibía a la altura de Restrepo, este último salía a encararlo, y en ese instante el lateral embajador tocaba hacia Robayo, quien tenía la ventaja por dentro. Lo mismo ocurría en el otro flanco con Ochoa y Silva.

La orden de Lunari fue hacer muy ancho el campo. Millonarios cargaba un sector y cambiaba la orientación de la jugada. Al DIM le resultaba muy difícil llegar a los costados. La otra circunstancia que propició el dominio local fue la de que Fabián Vargas jugó libre en salida. Increíblemente ninguno de los tres delanteros intentó presionarlo para entorpecer el inicio de la jugada. Así dominó los primeros 25’, tiempo en el que pudo hacer dos o tres goles más.

Hechalar estuvo muy impreciso técnicamente

El Medellín, dubitativo hasta la media hora, cambió su actitud sobre el terreno y replegó un poco. La intención, entonces sí, era dejar iniciar el juego a Román y a Cadavid más Vargas y atar a los receptores adelantados. A esto se sumó que Ochoa y Machado bajaron un escalón, y ahí el choque se puso más para los visitantes. El poderoso pudo robar con más facilidad y transitar hacia Vikonis en ventaja numérica. Sólo la poca precisión de Hechalar evitó el empate antes del descanso. Vladimir Marín puso sentido a la tenencia de los suyos cada vez que tocó la pelota en ese tramo del envite.

Los visitantes acentuaron su plan al volver del entretiempo. Millonarios, que careció de velocidad para girar al Medellín a través de la circulación como lo hizo en la primera parte, chocó un sinfín de veces con el muro plantado por Álvarez, tantas como para desconectar mentalmente. Pero apareció Rafael Robayo. El bogotano ocupó tanto espacio como sus piernas y sus pulmones le permitieron -lo cual es mucho-, y ganó cada balón dividido y cada segunda jugada. El cuadro embajador mantuvo la calma a lomos de su número 8 más Máyer Candelo. El caleño siempre produce más por sí mismo que Federico Insúa. Entró y se acercó a Fabián para dirigir la posesión desde la base, lo que le dio más poso a los azules.

A los 72’, el Medellín pasó a 4-4-2. Salió Caicedo por La Goma Hernández, quien se colocó como volante por derecha. En punta quedaron Hechalar y Marrugo. Esto difuminó más las posibilidades de contragolpe del rojo, encerrado en su propio campo por Robayo, el mismo que a falta de seis minutos pisó área rival, saltó y le bajó el balón con la testa a Maxi Núñez, quien puso el 2-1 en el electrónico. El 3-1, en tiempo de descuento, fue la guinda perfecta para su inmenso partido. En una semana, Santa Fe se medirá contra los de Lunari. Millonarios llega en curva ascendente a la puerta de los playoffs, y eso con Robayo se nota.

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