El fútbol da de comer a un sinfín de paladares. Los hay resultadistas, los hay fanáticos, los hay románticos. Estos últimos, los que admiran al fútbol cuando se expone en forma de espectáculo, abundan en la capital de Antioquia. El fútbol no sólo es espectáculo, claro está. Se trata también de competir, de neutralizar y de imponer. Pero en Medellín, los balones tratados con primor y elegancia son aquellos que roban corazones. Equipos que flirtean con la pelota suscitan aplausos en las tribunas y se juzgan menos por sus resultados.

Hernán Torres dio de comer al romanticismo antioqueño. Su paso por Independiente Medellín duró mientras su apuesta ofensiva tuvo porte de mujer seductora. Sí, hemos dicho ofensiva, que no es lo mismo que decir equilibrada. El DIM de Hernán Torres pasará a la historia por un poderío ofensivo digno de la compañía masiva de sus fieles en las tardes de primavera en el Atanasio. El de Torres fue un equipo fundado bajo tres principios ofensivos, a saber: posesión, conducción, agrupación. A continuación se expondrán cinco momentos en la era de Hernán Torres que declaran la conquista y el abandono de tales mandamientos. Cinco momentos que relatan una historia de amor y desencanto.

Vladimir Marín en la gestación de la jugada

El primer mandamiento del DIM de Torres, la posesión, requería volantes de primera línea bastante activos. John Hernández y Jherson Córdoba eran fundamentales para retroceder, recoger el balón y emprender el ataque, siempre con el propósito de mantener la pelota. Hilvanar largas secuencias de pases, si hacía falta. Pero la gran novedad en la salida de balón del Medellín era la participación de Vladimir Marín. Con Marín, el DIM tenía la oportunidad de usar las bandas para salir de su área. Pero Marín era más que eso. Su visión de juego le hacía importante por dentro. Marín ejercía influencia al interior tirando paredes, buscando líneas de pase en el centro e incluso conduciendo hacia ahí. El lateral zurdo iniciaba las jugadas, influía en el medio y, en ocasiones, se vestía de centrocampista.

El triángulo de posesión

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Arribaba Vladimir Marín al medio y la progresión no se detenía ahí. Christian Marrugo acudía a Marín en su defensa y señalaba la ruta para superar la primera presión rival. Más arriba, las caídas de Yorleys Mena a la banda izquierda estiraban la cancha y fijaban un tercer vértice, un triángulo. Las posesiones del DIM eran mejores cuando se juntaban los vértices del triángulo: Marrugo, Marín y Mena. Las posibilidades del DIM iban en aumento. Recostando al rival a la izquierda, aparecían los espacios en el medio para Daniel Hernández o Javier Calle. Por otro lado, el triángulo generaba una superioridad numérica en la banda que le permitía a Vladimir Marín desdoblarse. Era entonces que Marín sacaba a relucir su mejor cualidad como jugador: su golpeo de balón. Marín sorprendía rematando a portería o tiraba un centro lleno de veneno.

Las conducciones de Christian Marrugo

Hasta aquí, hemos descrito un equipo asimétrico, activo sólo por izquierda. Nada más alejado de la realidad. Cuando Christian Marrugo recibía en el triángulo, su primera intención era girarse, conducir en sentido opuesto a la jugada y descargar. El resultado: la banda derecha involucrada en el juego. Era entonces que Gilberto García o Carlos Valencia se sumaban al ataque. Marrugo hacía bascular pendularmente al rival al compás de sus conducciones y los espacios para su último pase estaban servidos. Desordenar al rival conduciendo.

Marrugo y Cano agrupando

Antes de seguir, retomemos los tres mandamientos del Independiente Medellín de Hernán Torres: posesión, conducción, agrupación. Como hemos dicho, las salidas de balón de Marín y la formación del mencionado triángulo le permitían al DIM mantener la posesión. En lo que atañe a la conducción, las diagonales de Marrugo y Marín representaron un argumento técnico importante para el equipo de Torres. Hablemos, entonces, del tercer mandamiento: la agrupación. Las conducciones de Marrugo, en efecto, juntaban puntos cardinales en la cancha. Pero él no era el único. Igual, o más importante, era Germán Ezequiel Cano. Los movimientos de Cano eran una forma de fuelle entre la delantera y el resto del equipo, sobre todo cuando se movía fuera del área. La capacidad técnica de Cano le hacía posible pasar el balón con precisión y sentido. ¿Cuál sentido? Juntar a todos en ataque. Los pases de Cano podían restarle velocidad al ataque del DIM, sí, pero posicionaban al equipo en campo contrario. Cano encarnaba el espíritu colectivo del equipo de Torres.

La diagonal de Hechalar

La partida de Yorleys Mena y Germán Cano transformaron profundamente al equipo. Mena, por los espacios que generaba con sus movimientos sin balón. Cano, por ser el abanderado del principio de agrupación. Sus reemplazantes, Juan Fernando Caicedo, Juan David Pérez y Hernán Hechalar, no suplen los aportes de Cano y Mena. En las primeras fechas del equipo post-Cano, resultaba extraño ver al tridente ofensivo tan distante entre sí, abandonando el principio de agrupación del equipo de Cano. Con el pasar de los partidos, lo que en principio era un sospecha se convirtió en realidad: el DIM se entregaría a las individualidades de Hechalar y Pérez por las bandas.

El DIM de la última temporada de Hernán Torres inició sus ataques en algo así como un 4-2-2-2, con Hechalar y Marrugo de doble enganche y Caicedo y Pérez en punta. Los ataques culminaban en un 4-2-1-3. ¿La razón? Hechalar emprende su típica diagonal hacia fuera y se convierte en un tercer delantero. Lo anterior con el fin de quedar mano-a-mano con el lateral derecho rival y Pérez haciendo lo propio con el lateral izquierdo.

Las implicaciones de la diagonal de Hechalar son considerables. En primer lugar, Hechalar deja solo a Marrugo detrás de los delanteros. Sin nadie fijando marca en el centro, como hacían Javier Calle o Daniel Hernández en su momento, Marrugo ya no es tan libre para caer permanentemente a la izquierda. En segundo lugar, el hecho de que Marrugo se ausente tanto en la izquierda deja sin socio a Vladimir Marín. Por consiguiente, Marín tiene menos opciones con balón, toma malas decisiones y pierde el balón donde al DIM más le duele: el centro. En tercer lugar, la diagonal de Hechalar, que requiere el balón en los extremos para crear peligro, verticalizó el juego del DIM. Ahora el pase debe ser vertical para resultar determinante. Bastante responsabilidad para los pasadores, entre ellos Jherson Córdoba, a quien le cuesta una infinidad reponerse después de fallar y está teniendo una temporada muy pobre.

Así fue como Hernán Torres talló su propio monumento y cavó su propia tumba. Torres fue capaz de diseñar un equipo con un profundo carácter colectivo. Tras la partida de Cano, el entrenador del Medellín encargó su destino a la individualidad. Son muchos los que vieron en tal reinvención una traición a sí mismo. Una facción de los fieles del DIM no lo perdonó. Nosotros no nos perdonaríamos omitir la hermosa página que escribió Hernán Torres para el libro de la historia del fútbol colombiano.


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