El fútbol te establece de una a muchas fases de juego durante un mismo partido. Competir o fallar, son las respuestas a tan complejo escenario. ¿Complejo? Sí, porque el fútbol no es solo correr detrás de una bola, realizar un pase correcto o incrustar el balón entre las redes, sino mucho más que eso. La emotividad y la mentalidad van de la mano para estar de pie desde el pitido inicial hasta el final: fue entonces cuando, en una lujuria de errores, el Bucaramanga falló y el América respondió a un contexto en el que requería salir de la peor situación –0-2 abajo en ‘casa’–. Casi culminan la faena (remontada) los de Fernando Velasco.

El primer tiempo permitió ver al Bucaramanga con mayor circuito de pases en el encuentro. En un juego de posición, donde pocos equipos en el Torneo Águila se animan, se evidenció la calidad desde la salida hasta el penúltimo toque en el auriverde: dinamismo en las asociaciones, mucho juego interior con sorpresas por fuera y, sobre todo, combinaciones multiplicadas: Pérez y Cataño de lanzadores más Arango y Rojas sumando movimientos agresivos a las espaldas de la zaga americanista. Todo esto, de hecho, con posesiones asentadas y largas en terreno adversario.

Los planes cambiaron de papeles en la mechita

América quiso adueñarse del partido con amplitud y anchura, pero la sincronización no se consiguió. América era largo y ancho, sí, pero defendiendo; y atacando, con el leopardo establecido en defensa posicional, se juntaban en espacios reducidos, a la postre quitándose espacios entre sí. Pero fueron pocas veces que los diablos rojos cruzaron con cierto peligro la divisoria, puesto que no tienen calidad para sacar el balón y Morantes, la conexión en los últimos metros, tenía que retroceder casi a la altura del segundo mediocentro para asear el fútbol a ras de piso. El plan defensivo con el ofensivo cambió de papeles en la mechita.

Pérez es más que el eje y el conductor leopardo

Willy Rodríguez, sobre la segunda mitad, sacó a Pérez por Núñez. América estaba regalando más espacios y jugaba con Tapiero de pivote y Morantes, ahora sí, de segundo mediocentro, entonces el cambio tenía su lógica. Sin embargo, esto generó un déficit: el Bucaramanga dejó de perder el balón en zonas inteligentes y lejanas al área de Mosquera, y Cataño dejó de mezclar con sutileza y armonía cerca a las inmediaciones de Viera. Bucaramanga, tras pérdida, no tenía tiempo para un rearmado sólido, a lo que el América le sacó producción con envíos largos hacia sus tres delanteros (Farías, Mercado y Del Valle) en pos de prolongar o ganar todas las segundas jugadas.

El juego, en ese contraste de fallos entre rojos y auriverdes, no dejó más que la falta de competitividad –menor con González, Tardelis y Murillo disponibles e incursionando el 5-2-1-2– en materia defensiva del América en lo que llevamos de 2015 y la excesiva confianza de un Bucaramanga que sin John Pérez, su mejor futbolista, creyó que el partido estaba 100% sujeto.


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