La presión alta se ha convertido, sin duda, en uno de los recursos más utilizados del fútbol moderno. Con el nacimiento de los equipos enamorados del juego de posición se volvió altamente importante buscar una manera de recuperar el balón rápidamente para evitar que, una vez armados los circuitos de pase, el rival tomara el control casi absoluto de la jugada. Bien ejecutada, la presión alta se torna en un arma tanto defensiva como ofensiva. No sólo se traba la salida del rival, sino que también se puede recuperar la bola mucho más cerca al área contraria lo que, en términos de espacio, ya es mucho más positivo que recuperarla en terreno propio. Aunque tiene sus debilidades. Al presionar hacia el frente se dejan espacios a la espalda que el rival puede aprovechar atacando verticalmente, pero para poder explotar estos espacios también se necesita de coordinación y trabajo, no es sólo lanzar directamente hacia adelante, River no entendió eso.

River no pudo salir de la presión con efectividad

Bastante lejos de la excelencia estuvo la presión ejecutada por Boca en el primero de los tres Superclásicos que se disputarán en poco más de una semana, pero aún más lejos de la misma estuvo River en su intento por salir de ella. El equipo millonario se mostró incapaz de ocupar los espacios que dejaba el onceno xeneize cuando presionaba la salida de Barovero. Por momentos intentaron ampliar la posición de Maidana y Pezzella para airear la salida, pero la poca ductilidad de éstos con la bola en los pies sumada a la ya mencionada pasividad para ocupar los espacios que dejaba el rival hacía que el intento de salir de una mejor manera se viera frustrado. Además, el mejor lanzador de River, Pisculichi, no jugó el partido: significó un impedimento al planteamiento ofensivo que proponía el equipo de la banda cruzada.

El tridente ofensivo de Boca significó un problema para la zaga de River Plate, no por generarle constantemente jugadas de peligro, sino porque en faceta defensiva, cuando Boca no tenía el balón, se convertían inmediatamente en un obstáculo para la salida de River, que en lugar de enfrentar la presión huía de ella intentando un ataque más directo que quedó disminuido a meros balones largos con destino incierto que, normalmente, terminaban en los pies del equipo rival. Ciertamente huir de la presión, por lo menos de esa forma, no era la mejor opción.

Teo, en banda, clarificó el juego de River

Un Teo abierto en banda izquierda resultó un oasis en el desierto. El delantero colombiano, convertido en lanzador, recibía abierto y desde ahí intentaba darle pausa y sentido al fútbol del equipo millonario. Los pelotazos constantes, buscando evadir la presión de Boca, lo único que conseguían era destruir la identidad de juego del equipo que a pesar de que no pasaba apuros en defensa no inquietaba en lo más mínimo al equipo rival. Solo una ocasión clara tuvo River en todo el partido, gestada por izquierda después de un buen movimiento de Driussi que logró ganarle la espalda a Cubas y jugar el balón rápido para Teo quien, desde la izquierda, envió un balón cruzado para Sánchez y el rey de los apoyos disparó con fuerza, pero el travesaño escupió una gran jugada, que pareció más producto del azar que del sistema de juego.

Finalmente, cuando el partido parecía condenado al empate, la defensa de River quebró y en 5 minutos Boca se llevó el partido. Excesivo premio para tan pobre demostración. Los xeneizes sin deslumbrar con su fútbol, se llevaron un Clásico muy importante en lo anímico; ahora se vienen otros dos partidos, Boca seguirá presionando y River… ¿huyendo?

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