Resulta curioso, incluso para algunos puede ser hasta injusto, que el fútbol sea recordado por momentos. Sí, el deporte rey, dotado de una complejidad imponente termina reduciéndose muchas veces a pequeños lapsos en la línea temporal que normalmente, por cuestión de durabilidad, son incapaces de retratar el largo camino que se ha tenido que recorrer para llegar a ese punto. Pero que por su fuerza emocional son incluso más potentes que cualquier sensación que se haya producido a lo largo del extenso proceso, son rayones mentales que se fundamentan simplemente en su condición de extremadamente oportunos o decididamente bellos. Normalmente parecen producto del azar, producto de pequeños momentos de lucidez que sólo a algunos pocos se les presentan, momentos al servicio de un grupo aún más selecto. Los que son capaces de fabricarlos…

Corría el minuto 21 del primer tiempo. En la cancha del Pascual Guerrero un joven delantero buscaba incesantemente su oportunidad de anotar. Ansiosamente esperaba el momento de quedar mano a mano con el portero rival para batirlo y comenzar a forjar su camino en el fútbol profesional colombiano. Finalmente vio la oportunidad, un balón largo dirigido hacia su compañero de ataque, Wilmer Parra Cadena, pareció desacomodar a la defensa del Once Caldas. Aceleró hacia el espacio vacío, rápidamente lanzó una mirada hacia su derecha y vio como Parra Cadena le pasaba el balón al primer toque. Parecía una situación ideal, sólo hubo un problema, el pase iba demasiado atrás. Todo el estadio parecía resignarse, todos menos él. Sacó un taconazo tan rápido como certero para recuperar el balón retrasado y dibujar cuidadosamente una parábola sobre su cabeza y la de los defensores rivales que no tuvieron más remedio que ver como Luis Fernando Muriel eludía a Héctor Landazuri para abrir el marcador, así fue su primer tanto de la noche, los otros dos vendrían de potentes remates con la izquierda, su pierna menos hábil. Primer hat-trick como profesional y ya había fijado cuidadosamente su nombre en la mente de los amantes del fútbol.

Ese día, Deportivo Cali goleó 3-0 a Once Caldas

Lastimosamente para los colombianos su participación en el balompié nacional fue bastante corta, un par de meses después de aquella tripleta ya emigraba al viejo continente. 1,9 millones de dólares pagó el Udinese por quedarse con el 70% del pase. Pero no fue tenido en cuenta para el primer equipo, decidieron cederlo al Granada de España, donde no tuvo muchas oportunidades. Tan sólo disputo 7 partidos, pero le alcanzó para marcar un gol. En una tanda de penaltis cobrando a lo Panenka.

Así, después de un paso corto por España marcado por su indisciplina y sus pocas chances de jugar volvió a Italia. Esta vez el Lecce lo recibió, también en calidad de cedido, para que un Muriel aún de 19 años comenzara a construir pieza a pieza nuevos momentos para su nuevo equipo, pinceladas de su fútbol que rápidamente lo llevarían a ser tenido en cuenta por el equipo dueño de su pase. Destacó junto a Cuadrado y difuminaron a diestra y siniestra defensas contrarias entre los dos.

Ese año, Lecce descendió a la Serie B

En su vuelta a Udine aquel juvenil delantero, de una constitución delgada, había desaparecido para darle lugar a uno mucho más corpulento pero igual de hábil con el balón en sus pies. En este punto, con la ayuda de Guidolin, su técnico, comenzó a desplegar al máximo sus capacidades. El técnico Italiano experimento cuanto pudo con un Muriel que se encontraba, tal vez, en el punto más alto de su carrera hasta ahora. Por derecha o por izquierda, como delantero centro o como segundo punta, en casi todas las posiciones ofensivas lo probó y en casi todas respondió. La calidad de Muriel, como la de los grandes jugadores, no diferencia entre posiciones en la cancha, entre alturas, entre jugar junto a la cal o jugar frente al arco sólo entiende un idioma, el buen trato a la pelota.

De la mano de su progresión llegó su mejor galardón a nivel individual. En el año 2013 fue premiado como jugador revelación del Calcio. A sus 22 años parecía que no tenía techo pero una luxación en la cadera y problemas para controlar su peso comenzaron a disminuir su participación en el Udinese; Guidolin comenzó a dejarlo en el banquillo, lo que derivó en que perdiera su puesto con la selección Colombia de cara al mundial. Guidolin se marchó del Udinese y con la llegada de Stramaccioni a la dirección técnica Muriel no tuvo muchas chances. Lo que significó que la otrora promesa del club bianconeri emigrara hacia Génova para jugar en Sampdoria.

Sampdoria es el tercer equipo de Muriel en Italia

El club genovés lo recibió bastante bien y en los primeros meses ha logrado tener bastantes minutos lo que se ha reflejado en su cuota goleadora. 4 goles en 11 partidos, lo que de una u otra forma ha comenzado a poner nuevamente al oriundo de Santo Tomás en la agenda internacional, por lo cual no sería extraño que José Pékerman estuviera considerando convocarlo de cara a la Copa América. Ya veremos si el fabricante de momentos nos arma un taconazo memorable en un panorama más relevante.


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