El fútbol está lleno de situaciones inesperadas, algunas son accidentales y otras son consecuencias de decisiones premeditadas que van en contra de lo esperado. No hay que entender lo anterior como un mero capricho de los entrenadores en busca de un mayor reconocimiento, el hecho de que una formación o estilo de juego sea imprevista no significa que no tenga trabajo o que sea una decisión al azar. Es más, si se construye con trabajo un buen mecanismo de juego que resulte inesperado para el rival es altamente probable que el resultado sea positivo. Sin embargo, el uso inadecuado de un sistema desconocido para los jugadores puede terminar mal, lógicamente si se desconoce una idea de juego será mucho más probable errar a la hora de ejecutarla.

Envigado cambió su estilo de juego frente a Millonarios

Hasta ahora pensar al Envigado, el equipo revelación del torneo, resignando el balón al rival parecía más un complicado ejercicio ficticio que una realidad palpable. Los dirigidos por Juan Carlos Sánchez se habían mostrado bastante productivos con la pelota y realmente incómodos sin la misma. Su 4-2-3-1 con un doble pivote bastante equilibrado compuesto por Cañaveral y Angulo, el primero siendo competente con la bola en los pies y el segundo una verdadera muralla con cierres bastante correctos, cobraba sentido con la posesión de la pelota, la proyección de los laterales Zea y Santacruz ayudaba a sumar hombres en ataque y le daba mayor libertad de movimiento a los extremos, González y Burbano, piezas trascendentales a la hora de atacar. Además, la solidez defensiva del equipo aumentaba cuando tenía la posibilidad de arrinconar al rival en el terreno contrario. Esto le permitía al volante creativo John Méndez tomarse más atrevimientos y acercarse más al área, donde es más efectivo. En lo anterior se resumen, a grandes rasgos, las principales virtudes del Envigado y todas tienen un factor en común: se ejecutan con más facilidad si se tiene la posesión del esférico.

Por eso resultó un problema para el Envigado cuando por la fecha 17 de fútbol colombiano, jugando en su estadio, decidió entregarle el balón a Millonarios. El equipo embajador, lejos de sorprenderse, aceptó con agrado el regalo y por momentos manejó bien el esférico en su 4-3-1-2 con Villareal como mediocentro y la dupla Robayo-Silva en los interiores. Así pudo dominar con facilidad a un mediocampo que no está acostumbrado a esperar al rival. Insúa, suelto detrás de Agudelo y Uribe, aprovechó la espalda de Cañaveral y Angulo, acostumbrados a presionar, no a esperar, para hacerle daño a la defensa naranja. El equipo albiazul controló gran parte del partido, pero fallaba constantemente en los últimos metros, lo que le impidió abrir el marcador. Pero realmente nunca sufrió en el encuentro. El equipo antioqueño nunca se encontró con su fútbol y prácticamente no exigió a Vikonis en toda la noche. El equipo, acostumbrado a retener el balón, tuvo bastantes problemas a la hora de contraatacar. En vez de jugar directo cuando recuperaban la pelota, terminaban conduciendo muchos metros y perdiéndolo rápidamente. Esto le solucionó a Millonarios el problema que lo aqueja desde el inicio del torneo: su fragilidad defensiva. Finalmente el intento del técnico Juan Carlos Sánchez no lo dejó tan mal parado, dentro de la cancha fue muy negativa la situación pero su portero Breiner Castillo y un gol mal anulado a Millonarios lo dejan líder del torneo a falta de tres fechas. A ver si eso le da la tranquilidad suficiente para volver a jugar el fútbol ofensivo que lo llevó a estar en los primeros lugares de la tabla.


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