Qué duro debe ser para la Roma, de cara a las premoniciones puestas a principio de temporada, verse disputando el Scudetto con la Juventus, y que llegue casi mayo con sensaciones opuestas. El equipo de Rudi García, hoy por hoy, por sensaciones, tiene más pinta de perder la plaza de repesca a la Champions que arrebatarle la segunda posición a su vecino de patio (Lazio). En el fútbol cualquier cosa puede pasar, pero desde el 1-7 ante el Bayern por allá en octubre todo cambió, su sistema de juego y, sobre todo, la confianza.

Ranocchia controló la fase defensiva hasta la reacción de Totti

Mancini contaba con la baja de Medel y decidió apostar por Gnoukouri. El chico, a diferencia del chileno, es un activo creativo para la salida nerazzurri con su primer pase y marcación de altura en la iniciación o salida. El problema era en faceta defensiva, ante pérdidas peligrosas, porque Gnoukouri fija menos su posición y tiene menor proporción de robo que, por supuesto, Medel. Mancini decidió adelantar un paso a Ranocchia para activar la pasarela entre defensa y centro del campo que resultara ser superiores en ese cuadro. Pjanić y Nainggolan, interiores más cercanos a De Rossi, necesitaban desbordar por dentro con un caudal de obstáculos o recibir de cara a la espalda de Gnoukouri, pero allí estaba Ranocchia de salvavidas. Totti movió el peón y accionó la reina cayendo entre líneas, restando el movimiento puente y retomando al Inter a su 4-3-1-2. Fue, de hecho, lo único destacable de Francesco.

La Roma tiene un déficit grande en su ritmo asociativo, ya no tan dinámico como en mayor parte del 2014. Pjanić y Nainggolan, generalmente a la misma altura, deben ejecutar un pase largo para hacerle llegar el balón a sus compañeros de ataque. Rudi García, desde aquella derrota por Copa de Europa, optó por arriesgar menos; anteriormente los interiores recibían lejos de De Rossi, a las espaldas del mediocampo rival, logrando ser superiores numéricamente, girar con comodidad y estar cerca de portería contraria. Sin embargo, sin lo uno ni lo otro, la Roma es la nada. Ibarbo disimuló todos estos lunares retrocediendo su posición, atrayendo a Juan Jesús o D’Ambrosio y aportando sprints largos. Aunque fue lo poco de los giallorossi, hubo profundidad y continuación en posicional. Víctor regaló, además, conducciones largas para juntar el bloque ofensivo romano en campo interista. Guarín apenas entró en juego para restar los dominios laterales con apoyos defensivos.

La Roma se vino abajo con la sustitución de Pjanić

Con el crecimiento de los contragolpes del Inter en la segunda parte, García le dio entrada a Keita por Totti. Ya no fue un falso 4-3-3 con Totti de enganche, sino un verdadero 4-4-2 en rombo (para emparejar al Inter por el carril central) y Pjanić de trequartista. El bosnio jugó con libertad y situó a los suyos 20 metros más arriba y compactos. Con todo el eje vertical para él, Gervinho e Ibarbo se abrieron intentando el desplazamiento diagonal del alfil. Y se logró en contadas ocasiones. La buena Roma duró hasta el físico de Miralem, y su buen amigo Radja se vino abajo por completo. Fue entonces cuando Mancini, raro en él, montó su partida de ajedrez con Hernanes, Kovačić, Podolski, Shaqiri, Palacio e Icardi, y obtuvo el premio más bonito del juego: la victoria.

One comment

  1. ¿Por qué creen ustedes que Guarín ha tenido tanto éxito en el Inter de Milán? A priori, y sobre todo en el rol en el que ha jugado en los últimos tiempos, no firmaba que hubiera dando tanto réditos.

    ¿Cuál debería ser su rol en la selección Colombia que se viene? ¿Deberá seguir siendo revulsivo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *