Para contextualizar un poco. Gaizka Mendieta, aquella estrella del Valencia a finales de los 90, se caracterizó, aparte de sacar una acción mágica de donde nadie creería, por su control orientado y su golpeo celestial en movimiento o parado. Vivía de golazos. Gaizka tiene la fortuna de decir que él solo, como Riquelme en 2007 con la Copa Libertadores, se cargó un título de la Copa del Rey para los chés. No era el único futbolista inmortal e inigualable en cuanto a talento, pero Mendi se creyó de que no tenía límites su magia y de alcanzar la copa al mando de su varita diestra.

En clave Torneo Águila, midiendo los niveles y sacando conclusiones, el paralelismo de John Pérez con el español es evidente. Pérez quiere regresar a la élite a un Bucaramanga que lleva una eternidad en la B y que hasta este año, hasta este semestre, después de los Cuadrangulares de Ascenso, el equipo reconoce una identidad con el Willy Rodríguez. Y con John Pérez: su varita, sus controles dirigidos y golpeo desde todas las distancias. Asumió el riesgo de llevar sobre los hombros 66 años de historia, y es una solución momentánea.

Willy ha adaptado un método para ser simétricamente más anchos y largos

En un esquema del Atlético Bucaramanga que parece no tener centrodelantero, al menos con Pablo Rojas o César Amaya de supuesto punta, prevalece la mediapuntitis. No ha alcanzado un nivel crónico, pero es así. Con Pepe Moreno, el tercer delantero del equipo, sí se marca más el 4-2-3-1; de lo contrario un 4-2-4-0. Y aquí es donde los mediapuntas, con su diferentes funciones de ataque, suman un conglomerado fin táctico. Luis Aníbal Mosquera para dar amplitud y desborde, Pablo Rojas para multiplicar las líneas de pase, Daniel Cataño para dinamizar el juego en estático y John Pérez para cuasi-todo. Sí, no todo, porque le faltaría ponerse los guantes de Andrés Mosquera Marmolejo.

Como respuesta a una ofensiva fuerte e insistente, Willy Rodríguez se decidió por Luis Sierra con Carlos Giraldo en el centro del campo; ambos se hacen inmaculados por su capacidad de achique y cubrimiento lateral. El Bucaramanga no suele meter mucha gente por detrás de la línea del balón, y tampoco se destaca por defender corriendo mirando hacia James Aguirre, pero la función de Sierra y Giraldo en la base medular y la compenetración de los marcadores centrales (Cano hacia adelante y Payares hacia atrás) le proporcionan un cierto volumen de control defensivo. Sin embargo, ante equipos que deciden atacar en posicional y no a través de transiciones, el orden y el control se van a la deriva.

John Pérez es el futbolista leopardo de mayor calidad

Mismamente, el leopardo disimula esos fallos puntuales defensivos por su letal ataque. Da la sensación que recién se abre la bolsa de goles no para de llenarse. John Pérez mecaniza al auriverde con su multitud de cualidades. Pérez es un mediapunta que a pesar de no se rápido, como el mismo Mendieta, le gusta caer a la banda para conducir el balón extensos metros buscando atraer marcas o sacar el disparo. Parece que lo alcanzan, porque es lento, pero la forma de meter el cuerpo y de llevar la pelota pegada al interior del pie es una virtud que, incluso, muy pocos futbolistas de la Liga Águila tienen. Pérez está en un estado de gracia tan alto y tiene la confianza sobre las nubes que se olvidó que hay un lanzador de contragolpes convincente en la plantilla (Cataño) y él muchas veces transita ofensivamente al Bucaramanga. En esa comodidad de trasportar el balón distancias largas, moverse mucho sobre el eje del esférico o triangular y resolver él mismo, y con su toque hechicero, pero en menor dimensión, pareciera que John estuviese disfrazado de Gaizka. Y el Real Cartagena, a priori, será la próxima víctima de un repertorio máximum de goles y combinaciones.

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