Santa Fe venía de dos derrotas por Copa Libertadores y la sensación, respecto a sus dos primeros partidos, era distinta. Y había una similitud: el rival lo obligó a jugar. El mismo rival fue Atlético Mineiro, quien lo venció en el doble enfrentamiento, que lo forzó a remar contracorriente con el resultado adverso y a tener la pelota. La sensación, entonces, tanto en competición internacional como en Liga Águila, es que a Santa Fe le quema el cuero. A Santa Fe, si no es Omar Pérez, no le fluyen las ideas. Santa Fe, sin espacios, toca una piedra que solo Hércules moviliza en su juego. Pero en Chile, no obstante, Santa Fe dejó esa piedra, ese estorbo, por el balón de Omar.

La superioridad Torres-Pérez fue abismal

Costas conocía las limitaciones de su equipo para conectar últimamente a Torres con Pérez. Colo-Colo se sorprendió a sí mismo al ver al argentino tan lejos de gravitar en la mediapunta. Omar estuvo muchas veces, hasta el 0-1, a la misma altura de Daniel, favoreciéndole a Santa Fe, porque el león no cargó su juego ni por derecha ni por izquierda, sino por dentro con sus dos futbolistas con mayor calidad. Gustavo sabía que juntarlos, así fuese a un metro de Castellanos, le daría dominio a los suyos. Colo-Colo no suele esperar, y esto generó un beneficio doble. Esta variante permitió que, posterior al giro contrario, Roa y Arias recibieran cerca de Morelo y Páez y sin marcas a las espaldas. Era constantemente atacar con ventaja de cuatro sobre tres; Fierro y Beausejour lejos de la jugada y Valdés-Baeza superados. Indirectamente, Santa Fe ganó profundidad entre líneas con la rapidez en los pases de este doble pivote providencial. Providencial porque el sistema, el plan, se alteró con el gol de Páez.

Eran tanto los pases y los sellos de flaqueza chilenos que Anchico y Roa no se resistieron. Pérez canalizó el juego hacia la derecha porque ambos sumaron combinaciones portentosas. Achico por dentro y Roa por fuera. O viceversa. Además, Páez cargó sus apoyos hacia allí, y la superioridad cardenal por el carril diestro colocolino era inminente. Cáceres vivió las diagonales internas de Luis y los locales, cuando se daban cuenta que estaban siendo girados, ya era muy tarde. La estrategia de Héctor Tapia no compitió en los primeros cuarenta y cinco minutos. Ni tampoco en los segundos.

El primer golpe le regaló el discurso pretendido a Costas

La segunda mitad fue propicia para Santa Fe. Tapia adelantó un par de pasos a sus tres centrales, otros dos a sus mediocentros y a los carrileros los situó a la misma altura de Vecchio y Figueroa, los mediapuntas. Esto trajo consigo mismo que hombres como Roa, Arias, Morelo y Paéz pudiesen correr. A ellos y al equipo les gusta correr. Pérez ya gravitó en su zona y el argentino deshizo con el rival e hizo con ángulos de pases magistrales. Es cierto que Colo-Colo no compitió en los dos enfrentamientos, pero se le notó más vulnerable en esta ocasión. Sin planta ni pachorra en el centro del campo, los centrales no sabían correr y corregir. Sorprendió que Morelo no se exhibiera porque podía recibirla al espacio y no al pie, pero se vio expuesto por Arias. Luis Carlos atacó la zona de Wilson y Fierro lo perseguía descontrolado, y si lo iba tomando, pues Morelo tenía menos espacios para ofrecer recepciones. Sin embargo, Pérez no se erigió únicamente a Wilson, sino a todos. Empero, todos se rindieron al ‘10’.

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